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viernes 28, julio 2017 | 8:33 am

REZANDO JUNTOS, Viernes 16ª Semana del TO. San Mateo 13. 18-23. Ciclo A.
Un especial saludo en este día viernes de la 16ª semana del TO. Preparamos nuestro corazón para comenzar nuestra meditación.
Tú eres grande, Señor. Grande es tu poder. Tu sabiduría no tiene medida. Yo, hombre, soy tu pequeña creatura. Quiero alabarte y glorificarte con mi vida. Tú mismo me invitas a ello, haciendo que encuentre gozo en hablar contigo, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descanse en ti.
Meditemos en el Evangelio San Mateo 13. 18-23.
En esta ocasión, Señor, sientas a tus discípulos y les explicas la parábola del Sembrador y les dices que a todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón, Señor cuántas veces el demonio se ha hecho presente en nuestras vidas sin darnos cuenta y nos ha arrebatado lo que has sembrado en mi corazón, por eso el demonio es considerado de nuestros grandes enemigos, pues siempre por envidia y rencor, quiere arrancar lo que tu gracia nos ha concedido, toda esa semilla que colocaste el día de nuestro bautismo, de fe, esperanza, caridad, tu presencia divina, todo por no entenderlo, no madurarlo, no buscar cuidarlo, él se encarga de irlo quitando, es como la cizaña que va cada vez más cubriendo la semilla buena, te refieres especialmente a los granos caidos a lo largo del camino.
Ahora explicas lo sembrado sobre terreno pedregoso, significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe. Así Señor, todo parece que va bien, pero como cae en terreno pedregoso, se acepta rápido, es la alegría que sentimos al ir a un retiro, una bonita charla o una homilía llegadora, pero no la profundizamos, ni la hacemos nuestra, es como una llamarada de petate o tuza momentánea, pero por falta de constancia, por otras distracciones que aparecen, no profundizamos y toda esa buena intención inicial, se viene abajo, me pides constancia, obra comenzada, obra terminada, perseverancia y convicciones seguras en ambientes cambiantes.
Luego vas a lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, el vivir del ambiente materialista, del momento, el preocuparnos más por las cosas superficiales la sofocan y queda sin fruto.
Por último nos dices que lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta, nos dices que lo primero es saber oir, escuchar tu voz, para ello tenemos los momentos de oración y la atención a los acontecimientos de la vida en donde nos hablas, por otra parte nos dices que tenemos que entender, para eso nos has dado la inteligencia y los dones del Espíritu Santo, para comprender lo que nos quieres decir, tal vez dedicarnos a un estudio màs profundo y sistemático de nuestra fe y no quedarnos con conocimientos de niños, cuando ya soy adulto. .
Qué importante es la disposición personal que se abre a Tu gracia. Es querer conocerte para después imitarte. El ser de los que sucumben o de los que ahogan tu palabra, o de los que la oyen y comprenden, forma parte de mi decisión personal. Sin embargo, es una decisión que no se congela en un solo acto de la voluntad. Esto implica que exige por mi parte la actualización constante de esta decisión.
Mi propósito en este día es preocuparme por oir y comprender en serio la palabra de Dios, madurar en mi fe y darle gracias todos los días por su acción en mi vida. El quiere que tenga buen terreno para que le plante buena semilla.
Mis queridos niños, Jesús nos dice que hay diversos terrenos en donde cae la semilla que El planta de todos solo uno es el bueno, ahì su palabra germina y crece, oremos todos los días pidiendo al Señor tener un buen corazón donde El pueda colocar la semilla del Amor, la paciencia, la fe, la Esperanza y la alegría.
P. Dennis Doren, LC