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Editorial & Opinion

Pura vida

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador de Venezuela en El Salvador

sábado 7, abril 2018 - 12:00 am

La primera vez que visité Costa Rica fue por allá en 1985 acompañando al excanciller venezolano Aristides Calvani, no en funciones diplomáticas sino ¿políticas? Era una reunión con los dirigentes del PUSC o de ODCA, no recuerdo bien. De modo que solo conocí San José y el hotel donde nos alojábamos y se llevaban a cabo las reuniones. Ese partido tico era un partido consolidado, con historia y abolengo; hoy está dividido en tres facciones incapaces juntas o separadas, de ser una opción real del poder público.

Le sucedió como a la mayoría, sino a todos, los partidos socialcristianos del continente. Fueron en su momento la contraparte, la respuesta a las pretensiones totalitarias del marxismo y del desbocado e insensible capitalismo, situándose en una propuesta inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia: la economía al servicio del hombre, el Bien Común, y del rol subsidiario del Estado. Con el tiempo se transformaron en maquinarias electorales, con muchos jingles, vallas y televisión, y allí fueron comprando su sepulcro.

Igual sucedió con el legendario Partido Liberación Nacional fundado por “Pepe” Figueres y José Orlich, de tendencia socialdemócrata, quienes tienen en su haber la eliminación del Ejército (1949), la nacionalización de la banca, el sufragio femenino y determinantes avances sociales, hoy arrinconado en la nostalgia del pasado, las apetencias personales, el electoralismo y las divisiones.

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De una de esas divisiones del PLN surgió el Partido de Acción Ciudadana (PAC) bajo la guía del economista Otton Solís, ex Ministro de Economía y exdiputado, quien en el 2000 rompió con ese Partido y fundó, junto a otros disidentes, el PAC; convirtiéndose en el 2002 la tercera fuerza política nacional con el agregado de nuevos militantes provenientes de las filas socialcristianas; en el 2006 pasó a ser la segunda y, en el 2014 rompió el bipartidismo tradicional para convertirse en la primera fuerza política costarricense, al acceder el historiador Luis Guillermo Solís a la Primera Magistratura. Y ahora, en el 2018 nuevamente Acción Ciudadana repite en la presidencia por una mayoría contundente, en detrimento de otro partido de reciente aparición, a través del multifacético predicador evangélico Fabricio Alvarado; lo que convierte a las antiguas corrientes socialcristiana y liberacionista, en cosa del pasado y en instituciones reaccionarias, en su más estricta significación.

¿Qué es lo novedoso? Primero, la ruptura con la historia política tradicional de Costa Rica, a lo menos desde los años cuarenta, surgida del presidente reformista Rafael Angel Calderón Guardia, quien, aliado con los comunistas y la Iglesia católica, dio inicio a modernización del Estado y a las grandes reformas sociales del país tico, y quien fuere inspirador del nacimiento del Partido Unidad Social Cristiana.


El resultado electoral ratifica, por lo menos, dos realidades contemporáneas: 1) el fin de las grandes corrientes ideológicas partidistas de Occidente y 2) el surgimiento, cónsono con las nuevas realidades científicas, tecnológicas, morales, espirituales, generacionales, de nuevas relaciones entre la sociedad (el “país real” como se le llamaba en el pasado) y el Estado, la administración de la cosa pública, ya no en función parcelada de ideologías políticas, sino de realidades y aspiraciones de convivencia societaria.

Aún no se ha diseñado una fórmula, pero los partidos tradicionales, como el ábaco en el pasado, van por un lado, y la sociedad contemporánea, como la computadora en la actualidad, podríamos utilizar esa imagen, van por otro. De allí la crisis de gobernabilidad.

Y en cuanto a Costa Rica se refiere, de nuevo los ticos sientan cátedra de convivencia y realidad contemporánea; y se observa en el ascenso por primera vez, en un país con pasado discriminatorio, de una mujer de ascendencia africana, negra, a la vicepresidencia de la República, con opción real de ejercer la primera magistratura. Una mujer con méritos propios, profesional, conferencista, madre y abuela, desprejuiciada, comprometida con los Derechos Humanos, el medio ambiente y el desarrollo equilibrado de la sociedad. !Pura Vida!, como dicen los ticos.




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