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miércoles 5, julio 2017 | 7:15 am

REZANDO JUNTOS, Mièrcoles 13ª Semana TO. San Mateo 8. 28-34. Ciclo A.
Què alegría comenzar este dìa poniendo esta jornada en las manos de Dios, hoy miércoles de la 13ª semana del TO, nos preparamos para nuestra oración.
Meditemos en el Evangelio de San Mateo 8. 28-34.
Jesús nos dejas claro que tienes poder sobre los demonios, y destruyes su imperio, inaugurando así el Reino de Dios, el Reino de amor y de unidad, el Reino de la paz y del bien, totalmente contrario ante el reino del mal y de satanas.
Desembarcas en la otra orilla del lago en tierra de los gadarenos, dos endemoniados salen de entre los sepulcros, salen a tu encuentro, sin duda que es ese dolor que les consume, esa posesión diabólica que no les deja vivir en paz, tranquilos, en sus corazones està la oscuridad del mal, y por eso no son felices, ven en tì, esa oportunidad de encontrar por lo menos un poco de paz y te miran con ojos de esperanza, sin duda que se dicen: “es el hijo de Dios, El nos puede liberar de este peso, de esta carga de este gran sufrimiento”. Y te gritan: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?” y ellos te suplican: “Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos”. Y les respondes: “Está bien”.
Los demonios te reconocen inmediatamente, y saben que tienes poder sobre ellos, por eso te interpelan cuando te ven. Mandas que esos demonios entren en la piara de cerdos, los cuales se echan al barranco.
Los porqueros que ven toda la escena sienten miedo y huyen. No te conocen por eso temen y se alejan de ese lugar. Sienten la necesidad de contar lo visto a los demás, pero al ver todo esto te piden que te alejes. Y es que el hombre teme a lo desconocido, a aquello que se sale de sus manos. Estos hombres, sienten la curiosidad de ir al encuentro de quien hace esos milagros, pero el miedo se apodera de sus corazones. Así actuamos a veces en nuestra relación contigo. Nos acercamos a Tì, a través de la vida de oración, de la Eucaristía y cuando Tù nos iluminas acerca de nuestra misión, el camino que debemos recorrer y las almas que nos encomiendas, de pronto sentimos miedo, nos paralizan nuestras pasiones (egoísmo, sensualidad, soberbia) y preferimos alejarnos de Tì y de Tu plan de salvación que tienes para cada uno de nosotros.
Nos enseñas que el demonio existe. La Sagrada Escritura habla de él desde el libro del Génesis hasta el libro del Apocalipsis. Sin embargo, has reducido su poder sobre nosotros, por medio del don de la Redención. Son muchos los pasajes de la Escritura que muestran cómo vences el poder del mal liberando a las personas de su influjo. Así pues, el demonio sólo puede afectarnos si libremente se lo permitimos. Pero Tù nos llamas al buen camino, pero respetas la libertad que nos has dado, por eso, cuando damos lugar al pecado en nuestra vida somos responsables de ello.
En nuestra vida como cristianos tenemos muchos medios para alejarnos del mal y permanecer cerca de Tì, Señor. Entre estos medios tenemos la oración, la amistad personal contigo, la mortificación, la frecuente recepción del sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía, la protección de la Santísima Virgen María, tenemos tantos auxilios que el gran peligro es olvidarlo y no tomarlos en cuenta.
Señor, quieres que todos los hombres se salven y nos ofreces el don más grande de nuestra existencia: la salvación, la gracia. Pero nos pides que aceptemos y que colaboremos contigo.
Mi propósito en este dìa es Buscar siempre darle a Dios la primacía en mi vida, tratarè de cumplir siempre la voluntad de Dios. Además, hacer posible el encuentro de los hombres con Cristo por medio de nuestro testimonio y del apostolado.
Mis queridos niños, Jesùs se encuentra con dos hombres poseídos por el demonio, Jesùs los libera, pues tiene ese poder y hace que esos demonios, entren en una piara de cerdos, los que cuidiban los cerdos, se impresionan, y salen al pueblo a contar todos, están maravillados que Jesùs haga esos milagros, tengamos mucha fe y conianza en Dios jamàs nos deja solos.
P. Dennis Doren, LC