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Editorial & Opinion

¿Qué quiere la UCA y sus jesuitas?

Dr. Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 4, diciembre 2017 - 12:00 am

Contrariamente a lo que me aconsejan algunos amigos, recomendándome que no opine más en el tema del asesinato de los sacerdotes jesuitas en el plantel de la UCA, debo confesar que ciertamente no deja de tentarme lo propuesto. Sin embargo estoy convencido de que una persona de principios y valores no puede –por lo mínimo- expresar opiniones sobre los acontecimientos que rodean la vida nacional, especialmente cuando el destino de nuestra patria se encuentra bajo inminente amenaza de perder valores esenciales como ha ocurrido en Cuba y Venezuela, valores inherentes al ser humano universal como la libertad y la imposición de un régimen totalitario que insiste en desarrollar un socialismo inconveniente para nuestro país, y que ha fracasado en la historia en lugares y épocas diversas del globo.

Debo reconocer que tengo un vínculo afectivo con las víctimas de los tristes sucesos ocurridos en la UCA, porque mis estudios de la educación media los realicé en el colegio Externado de San José, institución dirigida por jesuitas, y donde tuve la oportunidad de conocer personalmente a algunas de las víctimas del lamentable suceso. Además, reconociendo la calidad de la educación de la orden jesuita, matriculé a mi hijo en la Universidad Centroamericana de donde salió graduado oportunamente.

Sigo reconociendo la calidad de la educación que imparte la orden jesuita a nivel mundial. Sin embargo, también es de reconocer que en el devenir de los tiempos, las personas desarrollamos otras muy diversas actividades para proveer su sustento, y muchos, con alguna conciencia social, hemos tratado de prepararnos para servir a nuestros semejantes con opciones que procuren hacer un ambiente mejor para el común de los humanos, siempre teniendo en cuenta dejar un mundo mejor que como lo encontramos a nuestra llegada a él.

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En ese contexto opté por estudiar leyes, y posteriormente ciencias políticas. De allí para adelante la vida me ha concedido oportunidades para realizar actividades que me han permitido satisfacer en gran parte algunos anhelos de la vida. Mis principios religiosos en el catolicismo –al fin principios jesuitas- me han permitido discernir sobre grandes temas que afectan a los hombres. Tal coyuntura me permite plantearme si vale la pena insistir en una venganza del caso jesuitas, cuando mi religión me provoca al perdón. Ciertamente, el tema del crimen contra los jesuitas, es un tema impactante, que mantiene actualidad (en cierta forma artificial) mientras instituciones políticas, cubiertas con el manto de los derechos humanos, no decidan pasar la página de la historia, y proyectarse al futuro.

Argumentos como sostener que el crimen es imprescriptible y de lesa humanidad, y por lo tanto debe reabrirse el caso, chocan con los principios cristianos del perdón, universalmente reconocido por los cristianos, con el principio de que todos los hombres son iguales ante la ley. Los casos de asesinatos cometidos por la otra parte, como el caso Borgonovo Pohl, Rodriguez Porth, Peccorini, Herrera Rebollo García Alvarado y tantos otros personajes relevantes como Regalado, Poma, Archibald Gunn, no cuentan con quien reclaman reabrir el caso jesuitas, ni no son reclamados como de lesa humanidad ni imprescriptibles, pese a que la ley, como sana disposición, los califica así, como norma general. Recientemente hasta el Ministro de Defensa ha expresado que continuar con algunos casos, exigen un desgaste de la justicia, que en nada beneficia a El Salvador,


De hecho tenemos la impresión  que lo único que se busca es satisfacer el ego de algunos personajes, y el bolsillo de instituciones que se lucran del concepto “derechos humanos” y sus jugosas indemnizaciones, que a la larga, son lo único que se materializa contra los recursos del estado.

A 28 años del crimen, la guerra asoma por el horizonte nuevamente, en un nuevo nivel, pero siempre latente. “Juzgar” a una parte del conflicto, sin “Juzgar” a la otra no me parece que sea equitativo, y estas alturas, no deja de ser innecesario, ineficaz, y artificial. De todas maneras, una gran cantidad de ciudadanos, agradecemos a nuestra Fuerza Armada que logró mantener la vigencia de la Constitución y la democracia en el país.




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