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Editorial & Opinion

Rayos de luz

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

sábado 18, noviembre 2017 - 12:00 am

Me hice el propósito de no escribir más sobre la situación política y moral de Venezuela, porque todo se ha dicho ya. Y es tiempo de opción, de toma de posición y acción, de hecho el tiempo ya pasó; aunque todavía quedan algunas luces que se niegan a extinguirse en el espacio. Lo demás es academicismo, cobardía, complacencia oportuna, colaboracionismo e ineptitud. Se expone uno al señalamiento fácil sobre el autor de estas líneas, pero es lo que hay ¿o acaso 18 años de realidad con resultado no bastan?

Y observando como andan las naciones y la propia naturaleza, lo de Venezuela viene siendo un pequeño lunar en la sin razón existencial ¿Será acaso que la tierra va a explotar en mil partículas que se esparcirán en el hoyo negro de Stephen Hawking? ¿Nos encontramos sumidos en el Armagedón, la presencia de Gog, y los teólogos, astrólogos, lectores del Tarot y demás cartománticos no lo han podido interpretar?

De la estupefacción, indignación, rebeldía se ha pasado sin solución de continuidad a la desilusión, desencanto, tristeza, resignación; y entramos de nuevo, en el peligroso juego de la llamada antipolítica, que también es una forma de hacer política, a lo menos de expresarse.

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Ahora en Venezuela, aparte del default económico y moral, virtualmente nos encontramos ante lo que los franceses denominan cohabitation, y así se le conoce en todas las lenguas, porque el concepto y la acción nació en Francia en 1986, bajo la presidencia de Francois Mitterrand (PS) quien se vio obligado a compartir el poder con Jacques Chirac (RPR, gaullista) y designarlo Primer Ministro de Francia. Esto es, cohabitar un socialista con un republicano de derecha, sin trauma para la continuidad del país. Mitterrand se ocuparía de representar a Francia como Jefe de Estado y Chirac conduciría todo lo relativo a lo interno, preservándose de esta manera la continuidad del orden constitucional. Un cogobierno de sustentos políticos e ideológicos diferentes, bajo un mismo manto jurídico que va más allá de la convivencia de signos contrarios.

Por supuesto, el caso de Venezuela es diferente, porque no existe técnicamente un cogobierno, ni una cohabitación en términos de la doctrina francesa. Se ha producido una especie de convivencia aceptada entre la dictadura totalitaria, con su entramado delincuencial que la sustenta, y una buena parte de la dirigencia política de oposición, empresarial y comunicacional que optó por sobrevivir a cambio de “un dejar hacer, un dejar pasar”, y el disfrute de la ilusión del poder.


El sufriente es la población de todos los días, la mayoría silenciosa a la que se refería Reagan, aquella que confía en sus dirigentes, las instituciones, la ley, y se dedica a producir, trabajar, existir en una postura que va más allá de la mera indolencia o el pecado de la acedia. Los venezolanos pasaron ese estado de mayoría silenciosa para convertirse en mayoría desilusionada, agraviada, traicionada, desalentada, entregada, doblegada.

Existen sí, algunos rayos de luz, algunos que aún titilan en el firmamento, pero solo eso. Posturas, acciones y voces, aparentemente aisladas que van de aquí para allá con nuestro drama a cuestas, alertando, denunciando, proponiendo en la ONU, OEA, UE, los países, a los amigos de la libertad y la decencia; otros yacen abandonados en las cárceles comunes o en los calabozos del SEBIN, son los mártires anónimos, que generan luz por sí solos.

Y en medio de esta tragedia que sobrepasa la región, se levanta uno  muy temprano y se encuentra leyendo la buena noticia que el escritor Sergio Ramírez Mercado, fue galardonado con el Premio Cervantes 2017 por el conjunto de su obra literaria. De Nicaragua para el mundo enriqueciendo nuestra lengua, y que es uno de esos rayos de luz a los cuales nos referíamos.




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