Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Regímenes dictatoriales abusan de sus pueblos

jueves 12, febrero 2015 - 7:05 pm

Es un tema discutido y debatido a profundidad en todos los foros y eventos mundiales que se organizan, aunque la temática a tratar en ellos sea bien distinta. Muchos regímenes dictatoriales y totalitarios abusan de sus pueblos en nombre de una democracia apócrifa. Otros se aprovechan y abusan de la democracia para   tratar de imponer sus pretendidos dogmas.

La democracia está presente en todo momento en nuestras vidas, hasta en la convivencia íntima del hogar con nuestra familia. Sólo que es necesario aprender a vivir en ella y con ella. El próximo domingo 1 de marzo, tendremos una nueva lección de lo que significa vivir en democracia; sin embargo, estando en la antesala de dicha fiesta democrática, con indignación podemos ver una de las papeletas con marcada preferencia visual hacia el partido de gobierno, rompiendo así, la equidad democrática     que debe existir, para dar el ejemplo más reciente.

Entre tanto, en la mayoría de los países de América Latina, cuyos pueblos vienen demostrando un gran avance de madurez política, social y cívica desde hace años, hay gobiernos que siguiendo su agenda partidaria, usan la democracia como el medio para alcanzar objetivos antidemocráticos. Qué ironía, mientras más se discute en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) cómo evitar que los países latinoamericanos dejen de ser democráticos, la democracia en el continente se vea más expuesta y amenazada. Nuestro país desgraciadamente no se escapa del uso que se le da a la democracia.

publicidad

¿Qué está pasando? Dos cosas: una, que los latinoamericanos con inusitada y preocupante frecuencia, están haciendo a un lado las reglas de la democracia para quitar y poner presidentes a su antojo, aunque hay que dejar claro que en muchos casos víctimas del populismo y la demagogia; y dos, que presidentes que fueron elegidos legítimamente en las urnas, abusan de su cargo y concentran el poder hasta dejar de ser verdaderamente democráticos.

La democracia en América Latina, hay que reconocerlo, no ha sido efectiva para resolver el problema de la pobreza y para reducir las enormes desigualdades. Y por eso, después de un par de décadas con una mayoría de países democráticos en la región, los más de 400 millones de latinoamericanos están frustrados, desilusionados y dispuestos a un cambio. Así se explica el resurgimiento de las opciones de izquierda en el continente, desde el presidente Lula da Silva en Brasil, hasta el alcalde Andrés Manuel López Obrador en México.


La democracia le ha permitido a los latinoamericanos elegir a sus gobernantes, pero no les ha dado de comer ni ha mejorado sus niveles de vida. Presidentes van y presidentes vienen, pero las cosas siguen igual o peor. Sacar del poder a presidentes legítimamente elegidos no resuelve de inmediato las crisis económicas. El problema, por lo tanto, no es la democracia sino la acumulación del poder de la clase gobernante y la falta de reformas para que todos puedan beneficiarse del sistema económico.

“En América Latina cada cinco años elegimos a un rey”, dijo en una entrevista el analista peruano Álvaro Vargas Llosa, cuyo último libro, Rumbo a la Libertad, trata sobre las razones por las que los países latinoamericanos han fracasado –con la excepción de Chile– en implementar democracias efectivas. “Un rey absoluto que hace y deshace, que tiene el control del poder judicial, que tiene el control del poder político, que maneja la burocracia…Todo lo que hacemos en América Latina termina delatando esa incapacidad para superar estos principios de la opresión que están desde la época precolombina”. Desde Carlos Menem hasta los Kirchner en Argentina, Alberto Fujimori en Perú, los priístas mexicanos, los gobiernos sandinistas y el de Arnoldo Alemán en Nicaragua, Chávez y Maduro en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia, y un largo etcétera (cabe destacar que en la mayoría de estos países y en el nuestro, existe un denominador común: EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI). Son tan solo algunos claros ejemplos de cómo el poder se acumula y no se comparte en América Latina.

Debemos preguntarnos qué se puede hacer cuando la democracia en un país corre peligro o cuando un líder, a pesar de ser elegido democráticamente, abusa de su poder. Y no esperar venga un organismo como la OEA que, para variar, termina siempre con los brazos cruzados. No, la OEA no va a hacer nada. ¡Qué sorpresa! El gobierno de Venezuela, que tiene mucha cola que le pisen, logró evitar que se aprobara una propuesta estadounidense que, según palabras del secretario general de la OEA, permitiría una “supervisión democrática para adelantarnos a las crisis, preverlas de algún modo.”

El concepto de “supervisión democrática” fue para muchos países un eufemismo; ya se imaginaban a los marines estadounidenses en paracaídas sobre Caracas, o misiones internacionales haciendo preguntas incómodas sobre asuntos internos. Intervención, es lo primero que pensaron, y como la historia está repleta de intervenciones, quedó enterrado el asunto. La realidad es, que el concepto de soberanía en este mundo globalizado es mucho más flexible y ya no se detiene en las fronteras. Si la democracia se apaga en un país latinoamericano, el resto del continente sufre también las consecuencias. Se trata de asegurar que los avances democráticos, que tanto tiempo y sangre nos costaron, no desaparezcan.

 




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.