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Editorial & Opinion

San Salvador, caos organizado

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 22, marzo 2017 - 12:00 am

Los seis muertos del pasado 15 de marzo en el Centro Histórico de San Salvador nos llevaron nuevamente a cuestionarnos sobre la posibilidad real de recuperar la ciudad y de devolverle no solo la grandeza e importancia sino convertirla en habitable.

No hay duda que las condiciones en el centro capitalino y sus mercados, que por cierto van más allá de los recintos municipales, porque muchas calles son realmente el mercado, son condiciones en extremo complicadas, tanto que el exalcalde Quijano que tuvo un impulso importante por desocupar aceras y recuperar espacios en un momento determinado cedió ante la complicada tarea de ordenar una ciudad que para los que negocian y trabajan ahí “así esta buena” porque les beneficia en sus intereses, lo mismo ha sucedido con el alcalde Bukele, quien debió retroceder y ceder a las peticiones de los “vendedores” para que sea su sistema privado de vigilancia el que opere vigilando y custodiando los bienes públicos municipales, simplemente porque los vendedores o el grupo que manda de ellos, no quieren al CAM, ni a la PNC ni a las Fuerzas Armadas, quedando la duda entonces sobre ¿quién puede ejercer función de estado en esos mercados, calles y espacios tomados por los vendedores?

La economía del país no solo necesita ciudades más limpias y ordenadas, también necesita que toda esa masa de comercio se formalice y pague sus impuestos, de lo contrario esos ambientes que aparentemente son para generar ingresos a personas de precaria economía son solo la fachada eterna y sin control para albergar el crimen organizado, el contrabando, la mara y sus ejércitos armados.

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Si solo el 25 % de la economía está en formalidad y esa es la que paga los impuestos más importantes, debemos apuntar a reducir la brecha y lo sucedido en el mercado central y alrededores hace precisamente lo contrario, la mantiene, porque no hay ley ni quien la pueda aplicar si la fuerza política y matonería de los “vendedores es la que manda”. Por hoy los mercados son tierra de nadie excepto si eres vendedor o trabajas de la mano con los grupos criminales ahí, porque hay una mafia que rentea, que cuida, que hace política y que controla lo que los políticos quieren controlar y está claro que el costo es bastante alto para la ciudad.

El centro de la ciudad y sus mercados, sus avenidas y calles, por más decoradas que tenga las plazas, si no se devuelve la gente a vivir en ella será como hasta hoy: dinero invertido en arreglar la guarida de esa mafia, es como decorarles el ambiente porque nadie más que ellos pueden definir lo que ahí sucede.


Sin gente para vivir en el centro, sin servicios de Estado, sin nuevos edificios de vivienda, sin oficinas, sin marcas importantes invirtiendo y (o) empresas con operaciones, será difícil regresar a esta ciudad y verla cambiada, llena de vida; por hoy es solo la vida del mercado, de la bodega y de los grupos que la controlan la que se percibe y la que se mantiene de 4:00 a.m. a 7:00 p.m., luego es un triste cementerio lleno de basura y malos recuerdos, hechos de violencia y anarquía.

Los mercados fueron siempre un lugar para pescar votos, el populacho, la gente más humilde, la que vota por los líderes carismáticos, pero es también la que con el tiempo ha consolidado su poder, su propiedad sobre las aceras y avenidas, el problema es hoy mil veces más difícil que hace 25 años y si no se decide un alcalde y un gobierno a romper juntos el formato de vida actual, la ciudad pronto será tierra sin control y lo poco que queda de ciudad se convertirá en cuartel inexpugnable de delincuentes que no solo resuelven a su manera sino con sus propios recursos, hoy el Estado dio su primer paso hacia atrás.

San Salvador, se está quedando sin Centro Histórico, nos va quedando un centro histérico, lleno de problemas y de amenazas, es urgente terminar con este caos organizado, que no funciona para los que lo vemos de afuera pero que es perfecto para los que actúan desde dentro.




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