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Editorial & Opinion

Se busca fórmula presidencial 

Ana Cevallos / Economista Investigadora @Cevallob

jueves 2, agosto 2018 - 3:29 am

Imaginemos que nos encontramos  en El País de las Maravillas en donde en periodos de contienda electoral por la presidencia, a las personas candidatas se les exige: un curriculum a la altura del cargo; un certificado de encontrarse al corriente de obligaciones fiscales; un balance de estados de cuentas y propiedades; una constancia médica de poseer las capacidades psíquicas; una declaración de  intereses que identifique aquellas actividades o relaciones que podrían interferir con el ejercicio de sus funciones; una declaración jurada de la veracidad de los datos que proporcionen; y un compromiso para participar en la contienda electoral con propuestas basadas en la evidencia y no en la magia, rompiendo con el tradicional estilo de hacer política.

Adicionalmente para ser elegibles, se les exigiría anexar una propuesta técnica en materia de política fiscal donde, además de ingresos y gastos públicos, y de manejo de la deuda pública y de transparencia, fundamentalmente plantearan un nuevo modelo de sociedad. Los requisitos mínimos a contener seríanlos siguientes:

i. Un análisis micro, por medio del cual se estimara el impacto de las propuestas en la diversidad de personas, familias y empresas.

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ii. Un análisis meso, a través del cual se identificaran las medidas sectoriales necesarias para la conformación de estructuras, entre ellas la económica, y se propiciaran sinergias para favorecer el empleo de calidad, entre otros aspectos.

iii. Un análisis meta, donde se reconociera que tanto la organización jurídica como las políticas públicas y fiscales no resultan neutras a los valores socialmente construidos; y en este sentido, se incorporaran medidas para institucionalizar la transparencia, la rendición de cuentas, la igualdad de género, la inclusión social, la sostenibilidad ambiental y la  laicidad como principios ético políticos del sistema de valores necesario para instaurar un nuevo modelo de sociedad.


iv. Un análisis macro, que permitiera entender el funcionamiento de los principales agregados económicos, sin anteponer su desempeño al bienestar de la sociedad en su conjunto.

v. Finalmente, el reconocimiento de las presiones y oportunidades que impondría el contexto internacional y la incorporación de disposiciones para la transformación institucional y especialmente, para un pacto económico, político, social y fiscal que posibilitara la construcción consensuada de un proyecto de país sostenible e inclusivo.

De cumplir con todos los requisitos, las personas postulantes serían valoradas por medio del voto ciudadano y en consecuencia, podrían desempeñarse como servidores públicos, siempre y cuando también renunciaran a la partida secreta.

Lamentablemente, en lugar de El País de las Maravillas nos encontramos en El Mundo al Revés, donde, por el contrario, en la contienda electoral la discusión se concentra en la vida íntima de quienes aspiran al cargo; en el discurso se prioriza la representación equitativa entre hombres y mujeres, mientras en la práctica éstas siguen engrosando las filas de las primeras damas en lugar de las filas de la presidencia; a las personas aspirantes no se les juzga por su propia idoneidad, sino por la del partido político o ideología que representan; entre otros aspectos.

Lo cierto es que aunque El País de las Maravillas parezca una fantasía, podemos hacerlo realidad si aprendemos a ejercer el poder ciudadano. Algunos países como México ya han dado pasos en esta dirección, con iniciativas recientes de sociedad civil como la #3de3, impulsada por el Instituto Mexicano para la Competitividad y Transparencia Mexicana, que promueven que funcionarios y personas candidatas a puestos de elección popular voluntariamente hagan públicas sus declaraciones patrimoniales, de intereses y fiscales, como muestra de su compromiso con la transparencia, la rendición de cuentas y el interés público.

En El Salvador, hoy más que antes, resulta prioritario que en las elecciones tomemos una decisión informada y coherente con las necesidades que enfrenta el país. Para ello debemos construir una cultura política que haga valer nuestro voto: exigiendo una fórmula presidencial idónea, conformada por personas que demuestren la integridad, representatividad, capacidad y los conocimientos necesarios para ejercer la función pública y, como parte fundamental de los requisitos,la presentación de propuestas en materia fiscal debiera tener carácter obligatorio.




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