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Editorial & Opinion

Se hizo justicia en un horrendo crimen

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 23, enero 2018 - 12:00 am

El 12 de octubre de 2016, a eso de la 5:30 de la tarde, ocurrió uno de los homicidios más horrendos en el país. El anciano Manuel de Jesús Jurado Ulloa, de 81 años, fue asesinado salvajemente a golpes por tres pandilleros, en la comunidad 15 de Marzo, cerca del hospital Lamatepec, de Soyapango.

El anciano se dio cuenta que los tres pandilleros violaban a una joven e intentó salir en su defensa armado con un azadón. Otro joven que acompañaba a la mujer había sido golpeado y los pandilleros no lo mataron porque, tras efectuarle un disparo, el arma que portaban se les encasquilló. El joven logró escapar y correr en busca de ayuda.

Los pandilleros, cuyas edades oscilan entre 19 y 25 años, le quitaron el azadón al heroico y endeble anciano que apenas podía caminar y lo golpearon causándole múltiples fracturas en todo su cuerpo hasta matarlo. Al noble anciano lo desfiguraron. El joven que logró escapar pidió ayuda a los vecinos que se negaron a brindar auxilio por miedo a ser asesinados, ya que los pandilleros que consumaron el homicidio han vivido siempre en la comunidad. Incluso, eran conocidos del anciano y de la joven violada.

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El joven sobreviviente logró llegar al bulevar del Ejército y pedirle ayuda a una patrulla, que se introdujo a la comunidad y logró la detención en flagrancia de los pandilleros que aún violaban a la joven, junto al cadáver destrozado del anciano.

El viernes pasado, el Tribunal Primero de Sentencia de San Salvador, tras evaluar las pruebas, encontró culpables de homicidio, violación agravada, privación de libertad y otros delitos a los pandilleros Nicolás de Jesús Mendoza Barrera, a quien le impuso 60 años de prisión; así como a Jonathan Rafael Ventura Ayala, sentenciado a 57 años, y a José Geovani Martínez Flores, quien purgará 32 años.


Al final y tras escuchar las sentencias, los pandilleros, tal vez arrepentidos o ya pensando en su venganza, salieron esposados y llorando de la sala de audiencias, pero al pasar frente a los periodistas que esperaban en el pasillo, lanzaron improperios y miradas amenazantes. Si nada cambia cuando recuperen su libertad, serán casi ancianos y quizás entonces recuerden cómo mataron al anciano de 81 años.

Este fallo es emblemático y ejemplificante, porque viene a demostrar que cuando se tienen pruebas contundentes sin necesidad de testigos criteriados se logran condenas. Mal hubiera hecho la parte acusadora si en este caso hubiese ofrecido criterio de oportunidad a cualquiera de los tres involucrados en el crimen.

Precisamente, la semana pasada, un Juzgado Especializado de Sentencia de San Salvador absolvió a 30 acusados de agrupaciones ilícitas, porque la Fiscalía presentó como “prueba contundente” la declaración de un criteriado, que a pesar de declarar que era miembro activo de una pandilla no logró identificar a los demás. El colmo es que cuando supuestamente  sucedieron los hechos el testigo estaba recluido en un penal.

Usando la sana crítica, es obvio que los testigos criteriados son necesarios, pero tal privilegio se le debe conceder al procesado menos implicado en los delitos y, especialmente, aportando prueba periférica alrededor de su testimonio. La sola declaración de un testigo con el criterio de oportunidad no puede ser una prueba contundente, pues es lógico que estos testigos son criminales tratando de salir bien librados a costa de acusar a los demás.

En el caso de los 30 absueltos, el juez consideró que en su declaración el criteriado carecía de coherencia y lindaba con la comisión del delito de falso testimonio. Incluso el juzgador sugirió a la representación fiscal que los agentes policiales deberían ser más responsables en la actividad investigativa que desarrollan, pues en el juicio declararon dos policías que se contradijeron en todo sentido.

Definitivamente, los testigos con criterio de oportunidad no son “prueba contundente” si entorno a ellos no se aportan pruebas periféricas que corroboren su declaración. A veces da la sensación que los criteriados, en su afán de salvarse, son capaces de mentir. Hasta parece ser un plan de los delincuentes. Afortunadamente a nadie se le ocurrió darle criterio a algún homicida del anciano, porque si eso hubiese pasado, hoy tendríamos a uno o tres homicidas en libertad.




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