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Editorial & Opinion

Sin planes ante la deportación masiva

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

miércoles 24, enero 2018 - 12:00 am

En un exabrupto que considero de índole emocional, el mandatario estadounidense, Donald Trump, expresó un calificativo procaz e inmerecido no solamente contra El Salvador, sino también contra Haití y países africanos, agregando, como un desafortunado comentario, que “prefería inmigrantes de Noruega”, un país nórdico europeo, donde abundan personas de “raza blanca o caucásica”.

Ese corolario es lo que algunos congresistas de  los mismos Estados Unidos han señalado como “una expresión racista”, tal vez evocando que durante la época de Adolfo Hitler, en la Alemania nazi, este dirigente político que provocó la II Guerra Mundial, no ocultaba su admiración por los noruegos en quienes miraba el prototipo de “la raza superior”, es decir, la  mítica raza aria, misma que pensaba revivir incluso en sus laboratorios genéticos, como se ha descubierto posterior a ese conflicto doloroso que cobrara las vidas de millones de personas inocentes de toda edad y género, que tal vez narremos en posteriores entregas.

A propósito de este insulto contra la salvadoreñidad, específicamente para los amparados con el recién finalizado programa TPS y los que han nacido en territorio estadounidense, o que llegaron niños al mismo, hoy llamados “Soñadores” o “Dreamers”, que también dicen fueron objeto de pronunciamientos nada amigables por parte de  Trump, es oportuno recordar que desde que se barruntaron esas tempestades migratorias, los que menos se preocuparon por sus futuras consecuencias negativas fueron los actuales funcionarios gubernamentales quienes, en lugar de buscar acercamientos armónicos con el mandatario del norte, arreciaron sus expresiones y actividades plenas de rojo colorido antiestadounidense, que comenzaron a perfilarse, en forma evidente, con la llegada de una influyente funcionaria venezolana, ampliamente reconocida por su férreo apoyo al dictador Nicolás Maduro y, posteriormente, el gobierno del profesor Salvador Sánchez Cerén mantuvo su voto a favor de las acciones venezolanas, incluyendo aspectos que se trataron en organismos internacionales, donde Estados Unidos cuestionaba la conducta antidemocrática  del régimen venezolano, pero que para la administración salvadoreña resultaba como “letra muerta”, al decantarse por una abierta solidaridad tildada de “antiimperialista”, que abarcó las  acciones hostiles del régimen cubano, al que también demostraron su apoyo.

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Según ciertos analistas, la gota que derramó el acíbar de este episodio que ahora vemos angustiados, fue durante una demostración de apoyo al señor Gerson Martínez, que apunta a ser el candidato presidencial por el FMLN, en un evento dizque “preparado exclusivamente por estudiantes de la Universidad de El Salvador”, donde colocaron una enorme y visible pancarta con el desfasado lema de los tiempos de ”la guerra fría”, donde se leía “Yankees go home” y, paralelo a ello, algunos exaltados quemaron la bandera nacional de los Estados Unidos ante la mirada indiferente y la conducta, hasta cierto punto cómplice, del señor Martínez, cuando se atropellaba la dignidad patria de un país que es nuestro principal socio comercial, que tanta ayuda ha proporcionado al desarrollo nacional y que ha sido por muchos años un albergue laboral y vital para centenares de miles de compatriotas que ahora ven como espada de Damocles la posibilidad de que Trump cumpla su promesa electoral de “deportarlos hacia nuestro país”, agravando nuestras condiciones internas de todos conocidas.

Personalmente, pienso que se ha sobredimensionado el efecto de los supuestos insultos (considerando que Trump los niega repetidamente) y tampoco creo que se dijeron debido a esas manifestaciones agresivas por gentes afines al partido oficial. Conociendo el pragmatismo estadounidense, esas “bayuncadas” desfasadas no harían disminuir su apoyo económico hacia nuestro pequeño país. Pero lo que de veras irrita a cualquier estadounidense no es tanto el irrespeto a su enseña patria, misma que tremolara en manos de los próceres y en los conflictos donde ellos han participado victoriosos en defensa de los ideales democráticos.


Mucho más, pudieron influir pasadas manifestaciones oficiales de apoyo salvadoreño a naciones o regímenes desafectos a la política estadounidense, como sucede con Venezuela, Bolivia, Cuba y otros que parecen ser cajas de resonancia del dictador Maduro. Ante ese angustiante cuadro de expulsión masiva, solo hemos tenido del gobierno “soluciones poco serias”, como crear empresas con un exiguo capital semilla o enganchar a los deportados “al emirato catarí, en el Golfo Pérsico, señalado por cometer violaciones a derechos humanos y laborales”.




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