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Editorial & Opinion

Sobre crímenes y holocaustos

Juan José Monsant A. / Exembajador venezolano en El Savador

Sábado 29, Abril 2017 - 12:00 am

A principios de la semana vi la entrevista que el rabino Pynchas Brener le hizo a William Bernheim, uno de los pocos sobrevivientes del Holocausto que ahora cuenta con noventa y cuatro años. La lucidez conceptual, fluidez de palabras y movimientos nos hace envidiar, de la manera más sana, la gracia de su longeva existencia; en realidad, desear llegar a esa edad con la claridad y generosidad de espíritu con la que narró su calvario, y total ausencia de rencor hacia sus verdugos.

Tuvo que sufrir el gueto de su ciudad natal en Polonia, luego lo enviaron al campo de concentración de Bunchenwald en Alemania, donde inicialmente el nazismo confinó a gitanos, homosexuales, políticos y cristianos, instalaron una fábrica de material de guerra y, después de la Noche de los Cristales Rotos, concentraron a los primeros judíos.

La entrevista fue en ocasión de conmemorar la liberación de los judíos de Bunchenwald por tropas norteamericanas en 1945; por supuesto, oír la narración de esa terrible experiencia de uno de los pocos sobrevivientes del campo y en el tiempo. Su historia misma merecería un filme; solo valga señalar que William Bernheim perdió a sus padres y a dos hermanos en manos del nacionalsocialismo, que al de ser liberado pesaba 128 libras, que no pudo desembarcar en Italia donde se dirigía, por lo que terminó en los Estados Unidos, donde se casó con una compatriota, trabajó, procreó, y disfruta de sus nietos. Toda una lección para nosotros los desesperados.

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La entrevista la vi luego de seguir la rebelión civil de los venezolanos que se inició el 19 de abril, fecha en la cual los caraqueños de 1810 decidieron deponer al Capitán General, tomar en sus manos su destino e iniciar la separación del Reino de España, aprovechando la invasión de las tropas napoleónicas, la huida de Fernando VII y la somnolencia etílica de “Pepe Botella”.

La traigo a colación, porque crímenes de lesa humanidad, tal como los definió la Carta de París de 1945 (Juicio de Nuremberg) y el Estatuto de Roma (Corte Penal Internacional) de 1998, coloca al gobierno de Venezuela, a la administración del dictador nicolás maduro, y a buena parte del Alto Mando Militar a nivel de sujetos susceptibles de ser juzgados. Venezuela es parte del Tratado, en consecuencia, aún si Maduro decide denunciarlo, como hizo Chávez con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y ahora se hace con la OEA, estos crímenes no prescriben y son sujetos de investigación y juicio.


Es obvio que la magnitud del Holocausto (Shoá) perpetrado por el régimen nazi dentro y fuera de Alemania, no tiene comparación con lo que ha venido sucediendo en Venezuela, primero bajo la conducción de hugo chávez y luego, en forma acelerada y sin pudor, por nicolás maduro; sin embargo, conceptualmente, es el mismo principio que lo guía. Se acercaría más a Ruanda (1994), al armenio cometido por los Jóvenes Turcos (1915-23), al ucraniano por los soviéticos (Holodomor 1932-34), o al de Idi Amin Dada (Uganda 1971-79), solo que el de maduro perpetrado con más sofisticación, pero de igual intensidad letal.

Narraba el entrevistado que parte de la degradación en los campos de concentración, como estrategia de dominio, fue la búsqueda de la desmoralización de los prisioneros, el quebrantamiento de su dignidad, el intento de cosificarlos hasta convertirlos en materia sin alma.

Bombas lacrimógenas vencidas, perdigones al rostro, desapariciones, francotiradores, estigmatización del contrario, instigación al odio, torturas, presos sin juicio, hambrunas inducidas, cobijo al terrorismo internacional, expatriación, lavado de dinero, humillación, violaciones, muerte civil, paramilitares bajo comando oficial (colectivos armados entrenados en Cuba por el Frente Francisco Miranda desde el 2.001).

Con este cuadro delictivo, insólito y cruento contra una población desarmada, pero en rebelión civil ¿Cómo podrán escapar del Tribunal Penal Internacional, los jerarcas del régimen? ¿Y cómo quedan los países que voltean a un lado para no ver nuestro holocausto?




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