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Editorial & Opinion

Solo integrados progresaremos

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 1, mayo 2018 - 12:00 am

La humanidad en las últimas décadas fue conducida a un proceso de globalización, en el que las naciones con mayor poder y recursos determinan las reglas y la conformación de grandes bloques económicos, que tal club maneja y crea una fuerte incidencia geopolítica capaz de determinar incluso el futuro de nuestra especie. Definen, sobre el sistema de Naciones Unidas, buena parte de los grandes trazos de lo que se entiende y acepta como modelos de desarrollo.

La posibilidad de ver alguna luz al final del túnel depende de la capacidad, agilidad y practicidad de integrarnos como región, esto significa asociarnos con nuestros pares del área, países que  al igual que nosotros también están en vías de desarrollo. Con estos vecinos compartimos orígenes, idioma, una fuerte identidad cultural, economías y capacidades productivas complementarias y competitivas. De la misma manera adolecemos -al menos los países del Triángulo Norte- de problemas parecidos como la grave inseguridad, alta migración, deficiencias educativas, severa vulnerabilidad, escasez de recursos estratégicos, importantes niveles de endeudamiento público, insuficientes ingresos tributarios para cumplir con nuestras responsabilidades, hoy  convertidas en fuertes expectativas de transformación social. En consecuencia, la integración es una necesidad ineludible.

Hay avances significativos: en junio de este año se materializará, al fin, la Unión Aduanera entre los países del Triángulo Norte, área que capitaliza el 69 % del comercio de Centroamérica. Esto significa que el 70 % de productos serán objeto de procedimientos sencillos para hacer más fácil su transacción en el caso de exportaciones e importaciones, con excepción del café, azúcar y combustibles; determinando con mayor precisión lo relativo a normas de origen y los requerimientos sanitarios y fitosanitarios. El resultado esperado es reducir los costos logísticos entre un 21 % y un 25 %. A criterio del Secretario General del SIECA, Sr. Melvin Enrique Redondo, la región avanza de esta manera a la Unión Económica Centroamericana, coherente con los compromisos del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea.

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Otro paso importante es la reciente adopción de la Política Marco Regional de Movilidad y Logística que vendrá a armonizar los esfuerzos de cada país por dotar de infraestructura adecuada sus propias demandas e inversiones. Después de la superación de los conflictos internos de cada nación, Centroamérica cuenta según datos de SIECA con 126,000 kilómetros de carreteras, 264 km de líneas férreas, 20 aeropuertos internacionales, dos centros de conexión aéreos que juntos mueven a 16 millones de pasajeros, 34 puertos marítimos, un canal interoceánico y 19 puestos de frontera. Armonizar y ampliar esta infraestructura es un factor esencial para la integración.

Por lo tanto, el objetivo de esta fase de la integración es hacer de la región toda una plataforma de movilidad y logística con mayor accesibilidad y conectividad que contribuya a desarrollar una producción competitiva de mayor valor agregado, alcanzando mayores niveles de eficiencia, rapidez en la movilidad, mejorar significativamente la seguridad y, al final, generar mayores niveles de confianza que sean capaces de atraer inversión para generar más empleos. Para alcanzar esta meta se requiere un esfuerzo concentrado que optimice las condiciones de cada  eje establecido: ampliar las capacidades marítimo portuarias, invertir en la infraestructura aeronáutica y aeroportuaria, retomar los esfuerzos de las rutas y medios ferroviarios, continuar el desarrollo armonizado de carreteras, desarrollar mejor la gestión de fronteras y dedicar ingentes esfuerzos a la logística urbana.


El largo período de tiempo que hasta hoy ha sufrido nuestro proceso de integración regional, que avanzó desde mediados del siglo anterior y luego se vio atropellado y retrasado debido a los conflictos internos por falta de democracia lo que decantó en guerras civiles, así como por el sabotaje de mezquinos intereses de poderosos grupos económicos locales y el marcado bloqueo del poderoso del norte de América que siempre prefirió vernos divididos, es nuestra única alternativa ante un mundo globalizado. Sin embargo, amerita la continuidad de políticas de largo aliento que trasciendan con creces uno o varios periodos de administración gubernamental, políticas, planes y estrategias intergeneracionales que deben tener mucho alcance hacia el futuro, lo que no contradice la búsqueda inmediata de saltos de calidad que agilicen la marcha de unidad regional.

A partir de esta realidad a los países más pequeños, con menores recursos y ante la dificultad de realizar transformaciones estructurales propias -incluso las recomendadas por el propio sistema de Naciones Unidas con los Objetivos para el Desarrollo Sostenible ODS- nos corresponde, con mucho pragmatismo, buscar el camino más corto y efectivo para cobrar cierto reconocimiento y abrirnos una brecha al progreso, dando respuesta a las expectativas de millones de personas para salir de la extrema pobreza.

Debo apuntar que este pragmatismo no nos exonera como países de la necesidad de fortalecer simultáneamente las instancias políticas de la integración regional, con la finalidad de aportar una sólida visión política y profundo sentido social para garantizar la sustentabilidad ambiental, equidad en todas sus dimensiones y, esencialmente, para darle el verdadero sentido humano al proceso de integración.




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