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Editorial & Opinion

Tejedor de la historia

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlamento Centroamericano (Parlacen)

martes 27, marzo 2018 - 12:00 am

El sistemático repaso de las efemérides debe ser constantemente inculcado, debiéndose explicar el contexto histórico de los acontecimientos. Este recurso siempre será una efectiva herramienta educativa para formar y tender un sólido puente que entrelace pasado y presente; la comprensión de lo ocurrido establecerá un vínculo entre viejas y nuevas generaciones.

El método debe motivar y estimular a la investigación y estudio a fondo de la historia, de manera científica y honesta; permitiendo descubrir la esencia,características y circunstancias que produjeron aquellos acontecimientos. La continuidad de esta práctica irá perfilando la riqueza cultural de nuestra nación, generando mejores herramientas para comprender nuestra salvadoreñidad y, por ende, descubrir por qué somos como somos.

De pequeño tengo hermosos recuerdos de mi hogar que, aunque modesto, nunca permitió que sufriéramos de frío. En mi núcleo familiar -como en muchos- la cúspide, por sobre padre y madre pues para entonces eran muy jóvenes, fue mi abuela; una férrea y amorosa matrona, analfabeta pero muy hábil con los números, curtida por el trabajo del manejo de una pequeña fábrica artesanal de jabón de uso doméstico en decadencia por el empuje de una industria emergente. Esa abuela, severamente ahorrativa y previsora, me enseñó a hacer entre otras cosas las más hermosas frazadas con los trocitos de sobrantes de tela que buscaba en los talleres de la vecindad; aprendí a coser a mano y a remendar, apreciando las maravillas que se pueden hacer cuando se unen los retazos. Aún conservo su caja de costuras.

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Esta vivencia siempre me deja pensando en la importancia de la reconstrucción de cada pedacito de las vivencias patrias, tarea que requiere constancia y paciencia para hilvanar y tejer hasta desplegar el lienzo, que extendido en el tiempo nos muestre una buena aproximación a los bordados y relieves que den textura a nuestra historia.  Podremos entonces palpar tanto hermosos brocados como delicados y vistosos contornos de heroicas hazañas que engrandecen el orgullo de nuestra identidad; tratando con toda responsabilidad aquellas dolorosas rasgaduras que hoy todavía -más desgastadas por el tiempo- ameritan ser zurcidas y remendadas. En resumen, mayor profundidad, franqueza y honestidad de las enseñanzas para tejer y abrigar la esperanza de que un mejor futuro para el país es posible.

Marzo está marcado por destacados fragmentos de nuestra historia. Cada Semana Santa siempre estará precedida tanto por la conmemoración del martirio del padre Rutilio Grande ocurrido ‪el día 12, como por el magnicidio de nuestro San Romero de América el 24, figuras que trascendieron nuestras fronteras patrias para convertirse en referentes espirituales de gran dimensión social; semejantes figuras humanas, santos hombres ejemplares de nuestro tiempo que deben ser reflexionados y justamente reconocidos por su estatura ética, moral y espiritual. Su esencia es suficientemente robusta para consolidar nuevos referentes que cimienten el rumbo social de El Salvador.


Vivimos un periodo muy complejo en el que buena parte de los conflictos que padece nuestra nación tienen profundas raíces económicas y sociales, debido a las condiciones de injusticia y marginalidad acumuladas a lo largo de muchas décadas que terminaron decantándose en extrema pobreza y exclusión. A esto debemos sumar tanto los severos efectos de la cruenta migración obligada con graves efectos sociales y culturales, como el retraso generado por la tardía evolución democrática del país, producto de decenios de dictaduras y de voraces grupos económicos que muy poco contribuyeron al progreso. Esta miseria está intrincadamente mezclada con la pérdida de principios y valores por frustradas y demoradas reformas que no terminan de llegar y han quedado estancadas en el laberinto de una larga transición empantanada en el tiempo.

En esta conducta social se nos ha sobrepuesto el individualismo por encima de la más elemental solidaridad humana; el consumo exacerbado sobre el ahorro y la modestia; una galopante pérdida de identidad cultural; la gravedad de la acelerada degradación ambiental; el uso retardado en unos casos y en otros inapropiado de la tecnología; la deformación por la permanente búsqueda de una oportunidad, saltando sobre las normas y reglas de la legalidad; el creciente consumo de drogas y alcohol; y la violencia con la que convivimos y que se expresa de disímiles formas.

Este retazo en el que se despliega esta historia nos ofrece un panorama complejo, es el reto más grande de nuestro tiempo. Amerita la más seria reflexión que va más allá de las superficiales ofertas electorales hasta hoy conocidas, requiere un gran acuerdo nacional de todos los dispuestos, el concurso de todas las fuerzas sociales y políticas genuinamente progresistas, con capacidad de convocar gremiales, comunidades, medios de comunicación y empresariado con verdadero interés y vocación nacional para asumir el extraordinario remiendo que se requiere. No existe un nuevo país, este atropellado es el que nos tocó, es nuestro cielo,  nuestra tierra, nuestra gente, somos nosotros los que debemos reparar, coser, zurcir, remendar hasta embellecer lo que nos dieron por herencia.




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