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viernes 4, diciembre 2015 | 3:09 pm

Retrospectiva

   De Armando Solis

   Por Juan Glower

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   La exposición retrospectiva que monta La Sala Nacional de Arte Salarrué, es un justo homenaje y reconocimiento al maestro Armando Solís; artista contestatario de la plástica salvadoreña, por ende, muy poco entendido y apreciado en nuestro medio.  Demás está decir que ha sido interpretado de una forma inequívoca y en muchos casos  hasta negativa.  Por lo tanto, haremos  de este espacio una forma de reivindicar su obra y de darle un lugar en el espacio y en su tiempo.

La característica que siempre me ha llamado la atención en la obra del maestro Solís, es la proyección de lo salvadoreño

Siempre podemos palpar a nuestra gente, a nuestra región.  Ya sea porque se identifica el lugar o por que los gestos de los personajes son identificables por sus expresiones o circunstancias.

 

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La primera etapa de don Armando Solís pertenece al movimiento neofigurativo, que es una respuesta al arte abstracto y un retomar del ser humano como elemento central de la expresión plástica.  En El Salvador tenemos varios maestros que pertenecen a esta escuela o movimiento, y lo más curioso es que todos ellos siempre mantienen una identificación muy apegada a su entorno, una expresión muy salvadoreña.

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Es muy cierto lo que dice don Mario Castrillo sobre Solís: “desde sus inicios pudo impregnar a sus pinturas un fuerte estilo personal” que consiste en colores fuertes y planos, figuras que no se sabe de dónde fluyen y ambientes opresivos. Quisiéramos hacer una aparte y  mencionar el fenómeno de las miradas de los personajes de don Armando Solís, en un artículo que publiqué sobre él, en el marco de su exposición de pintura y escultura en la sala de La Galería Centro de Arte, 1987, donde digo sobre la mirada de sus personajes lo siguiente: “Sus  Ojos: los ojos de todos, ojos de los asustados, de los que asustan, ojos de muertos, ojos con alas”.

 

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Ahora se nos figura de que son los personajes de la obra los que nos miran, siendo nosotros sus espejo, pues en casi todas las pinturas, de este período, los personajes parecen ser los que observan a su público, a la realidad, son ellos los testigos del tiempo, de aquel terrible tiempo que nos tocó vivir, la guerra.

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La segunda etapa de don Armando Solís es reconocida por un cambio de estilo y se sitúa en lo que podemos llamar como un postimpresionismo, por el liberal uso de los elmentos y características de la obra, mucho de su público y conosedores de su trabajo se sintieron perdidos ante tal cambio, que no fue hasta recientemente que pudieron definir que clase de estilo se trataba, y llegaron a una conclusión salomónica en llamarlo postimpresionismo.

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Es su tercera etapa la que ha venido a cerrar el ciclo de la pintura del maestro Solís,ya en el otoño de su vida incursiona a una nuevo estilo, como lo es para él y su público, el arte abstracto, en su caso el abstracto lírico.  El cual cosiste en en destacar lo poético y personal de la inspiración; o sea, como ver un paisaje, como solo tú lo puedes ver, como hacer de esa inspiraión un poema, una canción y escuchar música a través de tu mirar, y hacérselo sentir a los espectadores.

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Es correcto acentuar su apego a El Salvador podemos ver como el maestro Solís ha cambiado a travez del tiempo, en su persona, en su obra, pero no en sus sentimientos.

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Es necesario que concluyamos este artículo con una ilustración más.  Aquella que ejemplifique la abstracción lírica de don Armando Solís.

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