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Editorial & Opinion

Un antagonismo político insostenible

Jueves 2, Julio 2015 - 12:00 am

En nuestro país, producto de las décadas y décadas de exclusión social, de administración del Estado por una oligarquía minoritaria extractiva, que mutó con el tiempo de ser una clase económica de corte agrario con tintes muy feudales, hacia una élite financiera, para terminar convertida en clase económica cuyo capital ya fue regionalizado y “transnacionalizado”; en un punto de la historia los sectores excluidos fueron en distintas épocas y formas, creando entidades de “resistencia” o de “cambio” de esa realidad político-económica, que terminó manifestándose al final en una guerra civil.

De una forma o de otra la existencia de una fuerza sirvió para justificar la existencia de la otra. Y esto no fue una realidad exclusiva de nuestro país, sino de casi toda América latina, pero en Centroamérica fue más dramático, porque en este territorio (quizá con una mínima excepción Costa Rica) las oligarquías fueron más atrasadas, más tozudas, menos visionarias, más conservadoras y menos liberales, y sobre todo, fueron más patrimonialistas con el uso del aparato militar para preservar sus intereses y mantener el control del Estado, por ello surgió el militarismo que en representación de sus intereses oligárquicos le sirvió de antagónico a la beligerancia armada en la guerra civil.

Pese a que cualquiera pudiera pensar que con la llegada del fin del conflicto, con las reformas constitucionales que se hicieron a partir de los acuerdos de paz, y con la transformación de los grupos beligerantes en partido político, la polarización antagónica extremista terminaría, y daría con ello inicio a un ciclo de entendimientos y de acuerdos políticos mínimos para la gobernabilidad del país. Que terminaría la lucha mezquina, interesada, encarnizada y miope por el control del aparato del Estado por parte de las élites económicas extractivas y por supuesto no se convertirían en parte de esta forma de lucha política aquellas fuerzas de izquierda que ingresaron a la participación en la vida política.

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Nada más alejado de la realidad: en poco tiempo tanto el grupo de poder económico hegemónico oligárquico, a través de su instrumento político-partidario ARENA, así como el grupo político representativo de los “intereses populares”, a través del FMLN, se convirtieron en la “antítesis” el uno del otro, tanto en el plano ideológico, como en el plano de la acción política.

La constitución en la antítesis el uno del otro de los grupos antagónicos, sólo puede explicarse por cuanto el fin de la guerra y los acuerdos de paz no tocaron en nada ni para nada el sistema económico, y ello condujo a que, aunado a la adopción e implementación de las concepciones neoliberales, las élites extractivas que continuaron enriqueciéndose por veinte años más desde el control del Estado. Dicho uso patrimonialista del Estado les permitió trasladarse al sector de servicios de la economía, tanto el financiero como el importador, aprovechándose también del sistema “expulsivo” de salvadoreños que desde el exterior enviaban remesas a sus familiares en el país, y con ello le dieron el insumo adecuado para que la fuerza política antagónica se alimentara y encontrara razón de existir. Poco a poco se llegaron a convertir en el nivel político en la razón descalificadora el uno del otro, impidiendo con ello la evolución democrática, la modernización del Estado y el desarrollo económico.

Pero cuando la propia fuerza antagónica “de izquierda”, se convierte en sí misma en un grupo económico de poder, ello los hizo ingresar y participar del sistema al que tanto atacaron antaño, y con ello también a proyectar dichos intereses a la superestructura política, convirtiéndolos en algo de naturaleza similar (aunque basados en otros intereses económicos) a su “enemigo” y antagónico de derecha.

En tanto y en el medio de esto, surgió un tercer grupo económico antes “aliado” con la oligarquía, que sin tener muchos “problemas ideológicos”, son tendientes a definirse como una especie de opción más “de derecha”, pero con “capacidad” de llegar a “acuerdos” con la fuerza antagónica de izquierda, toda vez que con ello se puedan garantizar sus negocios y sus empresas. Y uno se pregunta ¿Puede el país seguir soportando un comportamiento antagónico de este tipo entre las dos principales fuerzas del país, en disputa por el control del Estado? ¿Pueden los ciudadanos seguir soportando un ejercicio de la política partidocrático adonde lo que se privilegian son los intereses de los grupos económicos detrás de las “tiendas” políticas? ¿Podemos los ciudadanos hartos y hastiados de la forma “asquerosa” como se hacen los “negocios” con los partidos “taxi” por estos grandes partidos para poder conseguir “gobernabilidad” y poder privilegiar sus intereses económicos? ¿Podemos y queremos seguir viviendo esta espantosa realidad política?




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