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Editorial & Opinion

Un llamado a respetar el rol constitucional

José Antonio Castillo Ortiz / Coronel (R) Inf. DEM

sábado 11, agosto 2018 - 12:00 am

Manuel José Arce defendió la independencia de España de 1821, derrotando en la célebre batalla del espino a tropas mexicanas y guatemaltecas que querían anexionarnos por la fuerza, al primer soldado de la patria la Asamblea Constituyente le confirió el grado de General.

Gerardo Barrios el 21 de noviembre de 1853 en el monte Palatino escribía ante los restos del emperador Julio Cesar la carta más filosófica y política para el estado salvadoreño, el 24 de enero de 1860 la Asamblea Nacional le otorgo el despacho de Capitán General.

Arce y Barrios dos generales de honor que lucharon y murieron por El Salvador.

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Esa es la estatura de soldados que tanta falta hace en nuestro país, pues al comparar la situación nacional, las palabras de mi Capitán General en la proclama de Coatepeque se agigantan en nuestra sociedad, al observar como la pérdida de los territorios por el estado, obliga a nuestras familias a emigrar victimas de desplazamientos humanos, como judíos errantes sin una patria ni estado que los defienda.

El ejército salvadoreño siempre jugo un rol protagónico de primer orden que le llevo hasta la conducción política del estado, período en el cual se construyeron casi la totalidad de obras físicas y disposiciones administrativas de El Salvador que todavía subsisten.


Para citar como ejemplo se construyó la Universidad Nacional, Escuelas Normales de formación de maestros, se diversifico el bachillerato, se creó la televisión nacional educativa y escuelas, hospitales, unidades de salud, presas, puentes, puertos, aeropuertos, carreteras panamericanas y del litoral, todo con un exiguo presupuesto; sin embargo, se nos olvidó la alternancia del poder, piedra angular  y fundamento de la democracia; lo cual aunado a causas internas propias de nuestro estado y causas externas propias de la geopolítica internacional; provocó un conflicto armado que rompió hasta nuestros días el tejido social salvadoreño dividiéndonos entre compatriotas.

Un acuerdo de paz dio fin a dicho conflicto y la Fuerza Armada otrora guardiana del funcionamiento y desarrollo del estado asumió un nuevo rol señalado por la reforma constitucional de 1993; con principios rectores entre los cuales quedaba estrictamente delimitada las atribuciones y misiones que la nueva constitución le confería, por lo cual ya no era responsable de la seguridad pública ni del sistema de gobierno sino que le recalcaba su carácter obediente, profesional, apolítica y no deliberante.

En su carácter obediente se sometió al poder civil y a la voluntad política generada por la voluntad soberana.

En su carácter profesional, paso de ser una fuerza armada observada por organismos internacionales, a una fuerza armada observadora de Operaciones de Mantenimiento de Paz con Naciones Unidas.

En su carácter apolítica, ha sido cuestionada por la asistencia de altos mandos militares a eventos de rendición de cuentas eminentemente políticos partidario.

Y en su carácter No Deliberante, ha emitido por medio del Ministro de la Defensa Nacional valoraciones críticas de naturaleza política, sobre coyuntura electoral sobre las cuales no tiene ningún carácter ni competencia, por tanto, no puede monitorear procesos electorales ni a políticos, pues esa no es su misión constitucional.

La institucionalidad del Estado está obligada a permitir la participación de cualquier ciudadano que aspire al poder político de la nación cumpliendo los requisitos que la ley establece y los actores políticos están obligados a ser responsables al emitir declaraciones que no sean utilizadas para generar desordenes sociales que pongan en riesgo la frágil democracia salvadoreña.

Todos estamos obligados a jugar limpio, pero si se habla de jugar limpio y si se le pide que juegue limpio al sistema y a los políticos, hay que empezar por tener autoridad moral para pedirlo y dar el ejemplo, pues mandar las tropas a las fronteras para que no voten el día de las elecciones, no solo violenta el derecho constitucional al sufragio activo, sino que además incide en los resultados electorales y eso es jugarle sucio al país.

Ojalá que detrás de estas manifestaciones políticas no se esconda la intención de no entregar el poder en el 2019.

La Fuerza Armada tiene por misión la defensa de la soberanía del estado y de la integridad de su territorio, recuperar isla conejo o los territorios perdidos por el estado en todo el país, es el campo de acción de la defensa nacional.

Y mantener el carácter apolítico y no deliberante es fundamental para que la Fuerza Armada siga siendo como siempre, la institución mas querida y respetada por la inmensa mayoría de los salvadoreños.




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