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Editorial & Opinion

Un millón de dólares quemados

Dr. Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 7, agosto 2017 - 12:00 am

Pasaron la Fiestas Agostinas, con sus tradicionales desfiles y tradiciones, en honor del Santo Patrono de la ciudad de San Salvador: El Divino Salvador del Mundo. En realidad, muchos salvadoreños, aprovechan estas festividades para tomar un descanso en sus labores, pese a que tales celebraciones han quedado como un recuerdo en las grandes ciudades, opacadas por el progreso, el desarrollo de las comunidades y en fin, el modernismo que gradualmente se impone en las grandes ciudades.

En nuestro país, las autoridades católicas se esfuerzan por mantener vivas las celebraciones religiosas que tienden a desaparecer. En efecto, para mucha gente el sentido religioso de las fiestas patronales se ha perdido, y lo que persiste es el espíritu comercial de las fechas.

En nuestra capital la feria Consuma es ejemplo de esa resistencia al progreso natural de las sociedades actuales. Y no menos importante, al tradicional campo de la feria que se instala en cualquier lugar donde exista espacio, y donde sea designado por la comuna, que cada año se ve en dificultades por los inconvenientes que se causa a los vecinos de dicho lugar, que tienen que sufrirlos ante el ruido, la suciedad, el desorden y en fin todos los inconvenientes que tales festividades conllevan en sí misma.

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Dentro de todo este momento de festividad, se entrelazan las opiniones que se dividen entre los sentimientos de tradición, y los de modernidad. Sin querer tomar partido en la discusión, que tiene argumentos valederos para ambas partes sí considero que vale la pena afilar el lápiz para opinar en lo que podría ser un tema que no se puede pasar por alto: El despilfarro en pólvora que muy bien podría invertirse en otras cosas menos superfluas que en ese desperdicio de recursos.

Este año, hemos oído de nuestro alcalde que lo invertido en ese rubro alcanza la nada despreciable suma de UN MILLÓN de dólares. Semejante suma, sea verdad o sólo propaganda, no deja de ser un verdadero desafío ante nuestra realidad social que, quiérase o no, causa una verdadera impresión, si se reflexiona en atención a las necesidades sociales de una enorme cantidad de personas que carecen de los elementos para poder salir de una extrema pobreza que no han solicitado ni han buscado para vivir.


Muy cierto es que con un millón de dólares nadie puede elaborar un programa que erradique la pobreza extrema de tan importante masa social. Pero ello no justifica un despilfarro que muy bien podría convertirse en alimentos o medicinas para los más necesitados.

Desde mi punto de vista, los recursos, sean provistos por la empresa privada o por recursos públicos, la quema de pólvora no tiene justificación en los países llamados en vías de desarrollo –como el nuestro, o se les llame países subdesarrollados.

Tengo la seguridad que un millón de dólares no alcanzarían para cubrir la falta de medicinas en los hospitales públicos, o en los albergues para aquellos que carecen de recursos para mantener un lugar donde vivir con los elementos básicos y dignos de la persona humana.

En mis tiempos de estudiante, y cuando recibí los principios básicos de la doctrina social de la Iglesia, nos inculcaron que mientras uno solo de los desposeídos de la humanidad viviera bajo condiciones infrahumanas, nadie tenía derecho a gozar excesos o comodidades no esenciales que pudieran servir a quienes vivían en pobreza extrema.

A esta fecha, estas personas necesitadas se han multiplicado increíblemente, y el problema se ha incrementado. De ahí que la quema de un millón de dólares para celebrar la festividad de la Transfiguración de Jesucristo, me produce incongruencia en la lógica de las autoridades civiles o religiosas.

¿Problema educacional o religioso, o ambos? No lo podríamos definir, pero que algo no está funcionando no deja de ser una realidad.  Nuestro San Salvador ilumine a quienes tienen capacidad para solucionar este lapsus social.




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