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Editorial & Opinion

Un nuevo Acuerdo de Paz (II)

Rafael Domínguez / Periodista

Miércoles 18, Enero 2017 - 12:00 am

La semana anterior me referí a la posibilidad de “nuevos” acuerdos de paz y a decir verdad, con lo que dijo el Presidente en el discurso de celebración de los 25 años de la firma de los acuerdos de Chapultepec, me queda más claro aún que esos acuerdos no son fácilmente posibles. Pero ya del FMLN hablamos bastante. Hablemos ahora de ARENA y de la derecha económica que son la contraparte de esos acuerdos, y en ellos, en estos dos sectores que están estrechamente vinculados recae mucha de la responsabilidad de lo que hoy nos está sucediendo.

Si los primeros acuerdos no funcionaron para más allá de callar los fusiles fue en parte por ARENA y por los financistas del partido, que durante siglos han protegido su dinero y su riqueza con las decisiones políticas de sus apadrinados; en Chapultepec lo firmado no incluyó desglose sobre las necesidades económicas del país, porque no hubo más tiempo, era hora y fecha fatal para firmar el 31 de diciembre de 1991; pero los testigos de aquella negociación sabíamos que era una parte fundamental para sacar al país del subdesarrollo; sin embargo, pasó el tiempo y en el proceso de reconstrucción que tuvo el recurso multimillonario de la ayuda internacional, muchos vieron la gloria y muy rápido, al florecer los negocios, las nuevas empresas, al crearse nuevos mercados; se les olvidó no solo lo que faltaba tratar sino el origen del conflicto, porque en parte no era solo acceso político lo que las guerrillas necesitaban, sino acceso a las oportunidades de hacer negocio, empleo, salario, prestaciones, educación, una mejora en la relación obrero patronal, más justicia social, más beneficios desde el sector público y que la pobreza que trajo la guerra diera paso a equilibrar las posibilidades para todos los salvadoreños.

El capital creció, muchas nuevas firmas aparecieron, muchos comenzaron a tener fuerza económica y por ende poder político, se enamoraron de eso y a como diera lugar, se propusieron protegerse, guardarse y hegemonizarse, pero olvidaron que la fuerza de la nación es la clase media, la que puede vencer la pobreza y nos concentraron en solo dos polos: ricos muy ricos y pobres más pobres.

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ARENA ayudó a consolidar un modelo económico que es correcto, pero que con sus distorsiones estancó la posibilidad, porque las economías libres son libres para todos, y aquí no funciono así. La dolarización, la privatización, la reducción del Estado y muchas otras políticas que son generadoras de crecimiento se adoptaron pero con un dejo de aprovechamiento propio, limitando muchas veces a los emergentes para evitar nuevos participantes o peor aún, evitar el espíritu del capitalismo: la competencia.

Los acuerdos de paz no nos pudieron proteger de esto, porque los que firmaron no quisieron salir de la zona de confort y de beneficios, la oposición en aquel momento, el FMLN igualmente, solo visualizó como objetivo tomar el poder, con las limitaciones que eso trajo y que apuntamos en la columna anterior.

Si para un nuevo acuerdo hemos dicho que el FMLN debe bajarse del caballo del socialismo del siglo XXI y abandonar su marxismo-leninismo, ARENA deberá bajarse del caballo del capitalismo voraz, del caballo de la competencia controlada y del Estado corrupto que se mantiene bajo control con dinero; esto para asumir que si quiere el desarrollo económico, es por medio de la libre competencia, el estado de derecho y la eliminación de privilegios.

ARENA deberá modernizarse, mezclarse un poco más con la clase media y con el pobre, a quien alguna vez tuvo a su favor porque vendía esperanza de que uno por su propio esfuerzo podía alcanzar el éxito.

Un nuevo acuerdo de paz, pasa por estas verdades, por el entendimiento en ambos partidos mayoritarios que, aunque políticamente pueden no estar de acuerdo y mantener sus diferencias, en lo económico no, no podemos tener diferencias, porque vencer la pobreza, generar empleo, atraer la inversión, crecer y generar riqueza solo es posible en un sistema capitalista; pero que sea ordenado, con leyes que respetar, donde los grandes valen lo mismo que los pequeños, y donde la apuesta es a crear más competencia, más competencia y más competencia.

La meta es crear un país donde todos paguemos impuestos, nos formalicemos y apeguemos a la ley, donde el que hace las cosas mejor tenga resultados y donde la política no vaya más allá de la responsabilidad de lograr que el crecimiento se sostenga en el tiempo; para esto, ARENA deberá aprender a ser capitalista de verdad y el FMLN a reconocer que el socialismo-comunistoide no trae beneficios a la gente; solo así, poniendo las cosas claras en la mesa, el diálogo será posible, pero solo reconociendo los errores de cada visión será posible llegar a acuerdos.

No soy optimista, pero estoy obligado a serlo, porque de lo contrario solo ayudo a la polarización y a que los pequeños grupos que controlan las dos fuerzas políticas sigan haciendo negocio, y ya no es tiempo para eso, sino para un El Salvador donde todos coman, duerman, se sientan seguros y con orgullo de pertenecer, pero antes de acuerdos deben haber muestras de que han entendido la lección, 25 años espero hayan sido suficientes.




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