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Editorial & Opinion

¿Un nuevo acuerdo de paz?

Rafael Domínguez / Periodista

Miércoles 11, Enero 2017 - 12:00 am

Si no funcionó el primer acuerdo de paz en su totalidad, ¿un segundo podría ser mejor? Si los mismos personajes que firmaron el primero son los que ofrecen hoy su firma para el segundo, ¿funcionará?

No soy particularmente optimista sobre esta propuesta, no creo que exista más allá de una jugada publicitaria para el gobierno y las Naciones Unidas, y es porque siendo la ONU un organismo que funciona para apoyar a los gobiernos de turno, no habrá más que acompañamiento y el Gobierno aprovechará para vendernos otra buena cantidad de humo sobre un proceso de diálogo, de fraternidad, de amistad y de reconciliación que en la práctica, durante los últimos 25 años, ninguno de los dos partidos, ARENA y FMLN, han mostrado como real.

El gobierno de Sánchez Cerén  se agenció “el diálogo” como clave de su mandato, pero es en su gobierno en el que menos resultados ha generado ese diálogo, porque mesas hay, se discute casi que en todos los temas, pero se hace lo que el gobierno dice, o simplemente se mantienen mesas para tomar café y alargar decisiones.

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El diálogo que se ha instalado no es más que una manipulación de la sociedad, una utilización de las personas que creen que acercándose al gobierno resolverán necesidades y son adormecidos por la sensación de ser escuchados, invitados y atraídos a las sillas de los salones de Capres.

El Gobierno ha tenido cualquier cantidad de oportunidades para lograr acuerdos, para establecer rutas y para crear un país en democracia, pero la realidad es otra; ha facilitado la división, la lucha de clases, el rencor histórico y solo ha forzado la institucionalidad para sus fines partidarios; nunca hasta hoy, desde que el FMLN llegó al poder, he visto la construcción de una sola idea de Estado, porque para el FMLN el Estado es el partido y su visión política está amarrada a su ideología marxista-leninista; por lo tanto, no hay espacio para construir acuerdo con alguien que está pensando en que todo lo existente debe desaparecer y debe ser sustituido por otra forma de gobierno; no es posible un acuerdo entre dos que ven mundos distintos.


Para el FMLN el enemigo es el gran capital, es la derecha, es ARENA, enemigos a muerte, porque no son simplemente antagonismos; el FMLN ha dicho “nunca más” y ha prometido “destruir la oligarquía de derecha”, y eso lo que plantea es una visión aún de guerra y de destrucción, no se da cuenta que ARENA, en la última elección presidencial, perdió solo por seis mil votos, y que ARENA es ahora la fuerza con más diputados y más alcaldías en el país; es el partido que necesita para aprobar préstamos y para construir ese acuerdo, entonces no hace lógica que con esas visiones ahora y de un día a otro, aparezca la voluntad de crear un nuevo acuerdo con estas fuerzas enemigas.

En un país democrático que tiene instituciones fuertes, no hay espacio para llamar a terceros a mediar o a facilitar soluciones, si se supone que las instituciones funcionan para ello; si aquí ahora el Gobierno llama a la ONU para un acuerdo nacional es porque ha fracasado, porque no tiene la capacidad de gerenciar alta política y siendo responsable y teniendo el poder político del ejecutivo, no tiene la capacidad de tomar decisiones.

Yo veo detrás de esta idea de segundos acuerdos, una farsa mediática, porque para estar de acuerdo en cómo generar riqueza, en generar empleo, en mejorar la educación, la seguridad pública, cambiar los sistemas públicos que no son buenos para los ciudadanos, no se necesita mucho; no debe ser tarea difícil si entendemos que vivimos en un país republicano, democrático y de derecho, con un sistema económico de libertad empresarial, capitalista pero con una Constitución que garantiza los derechos fundamentales de todos los ciudadanos.

El Gobierno y el FMLN, si quieren nuevos acuerdos, deberán sumarse a lo que el país es, no se puede pretender acuerdos si lo que quiere es cambiar las reglas del juego; el FMLN debe renunciar primero al marxismo-leninismo, a su espíritu revolucionario, que se entiende cómo aquel que no logra arrebata y convertirse a una social democracia, dialogante, abierta, capaz de convivir con los que generan riqueza, humanizando las posiciones pero respetando las libertades individuales, fortaleciendo las instituciones, dejando atrás las pretensiones del poder político absoluto para pasar al absoluto poder del ciudadano, abriendo la transparencia, eliminando la corrupción y comprendiendo que el único enemigo al que se puede pretender desaparecer es al desempleo, la pobreza y la poca educación.

Segundos acuerdos no funcionarán si no entendimos porqué los primeros no funcionaron.




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