Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Un terrible accidente con moraleja

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

miércoles 29, agosto 2018 - 12:00 am

El día sábado 25 una vecina de 29 años tuvo un fatal accidente de tránsito en Honduras.

Estos accidentes suceden por montones. Una vez leía que era más probable morir en un accidente automovilístico que en un avión. No me parece para nada alentador, ni para los que viajan ni para los que manejan carros o son pasajeros o peatones, pero la verdad es que da escalofríos ver el arma de destrucción masiva en la que se “ha convertido” el coche, como le llaman los mexicanos. Un arma genocida.

Laurita era ingeniera industrial y puedo decirlo con toda la seguridad del mundo -ya que fui testigo desde que la conocí hace 15 años en mis primeros viajes a Tegucigalpa-, que no he visto niña más entregada a su familia y a sus estudios. De hecho, prácticamente, casi nunca se le veía en la calle, más que para lo absolutamente necesario. Su muerte ha sido una terrible pérdida para la sociedad, para el barrio, para su familia.

publicidad

Creo que en particular (solo es una especulación porque no conozco los otros países del istmo), el tráfico en Honduras es el más caótico de la región en las carreteras y en Tegucigalpa. En la ciudad capital, aparte de la mala educación, de la poca empatía, de la deficiente instrucción formal, de la ausencia de ética y moral en muchas personas, y que no reciben más que informales clases de manejo; el caos se debe a que no existe, prácticamente, una policía de tránsito. Uno ve a diario (¡hasta tal punto hemos llegado!), motos, taxis, mototaxis (toritos o tuk tuk), en contravía. De la manera más descarada. Y los motocilocos incluso manejan en las aceras para evadir las trabazones. Se llega al colmo que el peatón tiene que apartarse y no esos abusivos, que hasta pitan e insultan si el usuario del andén no se quita. Son terroristas.

Laura Marcela Carbajal, venía de su trabajo en la ciudad colonia, la excapital de Honduras, Comayagua, a la cual había sido trasladada no hacía muchos meses, debido a su notable desempeño en la planta industrial de la empresa para la cual laboraba antes acá en Tegucigalpa. Los jefes la ascendieron de puesto y la enviaron para que se hiciera cargo de la misma, pero en la ciudad del turismo religioso. Su buena estrella le jugó una mala pasada.


El sábado a las 11 de la mañana venía conduciéndose en su Corola azul, un carro que recién había comprado para movilizarse a Comayagua, ciudad a una hora quince minutos de la capital. Agarró una curva demasiado abierta y en bajada. Cuando quiso retomar su carril lo hizo con cierto desespero -el asfalto estaba húmedo por la llovizna incesante de esa mañana-, derrapó y desafortunadamente los dados, la ruleta, el azar jugaron en su contra: un bus interdepartamental, de esos de dos pisos que abundan acá, venía en sentido contrario sobre el carril que ella había invadido. Lo bueno es que no sufrió. Lo malo es que se apagó una luz hermosa.

Yo viajo muy seguido a todas partes. En estos 11 años de vivir en mi patria adoptiva, atendiendo casos y clientes, he conocido 14 de las 18 cabeceras departamentales de este país que es cinco veces más grande que mi añorado terroncito chiquitito y minúsculo en extensión.

Acá hay carreteras que son de la muerte, no miento, la muerte se señorea y gobierna en ellas: la de La Ceiba, el tramo entre Siguatepeque y Comayagua, específicamente la llamada Curva de la Virgen; la carretera del Sur que conduce a El Amatillo. Hay accidentes a cada rato y que parecen sacados de una mente perversa.

Recientemente he viajado seguido al Sur y es espantoso ver como sobrepasan en curva, en cuesta y en bajada. Esos no son seres racionales, esos son idiotas, y entre más grande el carro y más caro, más idiotas.

Cuando sacaron el cuerpo de Laurita de entre los fierros retorcidos de su vehículo, el cual quedó como papel aluminio arrugado, encontraron algo que es la moraleja de esta historia: el celular atenazado en su mano.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.