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Editorial & Opinion

Una telenovela llamada “Nayib”

Vanessa Núñez Handal / Abogada, docente y escritora salvadoreña

miércoles 22, noviembre 2017 - 12:00 am

El video, lanzado hace un mes y publicado en la cuenta de Facebook de Nayib Bukele, muestra al día de hoy 230,982 likes y ha sido comentado más de 33,167 veces. El mismo, de forma casi dramática, ha sido denominado “La decisión”.

Sentado en la esquina de lo que posiblemente sea el estudio de su casa (o así lo quiere dar a entender), vestido de negro, con una camisa manga larga que, de ser un poco más suspicaces, casi nos recordaría a Al Pacino, Nayib se dirige a su público de manera jovial y con tono confidencial. Su intención es obvia: generar empatía y tocar sentimientos.

Nayib será, sin duda, el próximo presidente de El Salvador. Y lo será a menos que el Fmln (más que Arena, que lo observan impávidos, esperando que el partido de izquierda lo destruya) se ingenie (de nueva cuenta) una estrategia para demoler lo que ellos mismos construyeron. Pero demolerlo implicaría atacar su credibilidad como institución partidista, ya de por sí menguada.

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Por si la gente del Fmln no lo sabe o no lo quiere aceptar, ha creado un monstruo que ahora posee la fuerza suficiente para destruirlos. Un caballo de Troya del que no supieron protegerse ni amigarse.

Nayib, por su parte, conoce muy bien las debilidades del partido al que perteneció sin pertenecer y las usa a su favor. Se proyecta como un “outsider”, siendo a estas alturas un político experimentado pero joven y atrevido que además posee a su favor diversas obras cosméticas tanto en Nuevo Cuscatlán como en San Salvador.


En él se reúnen, por otro lado, los dos grandes defectos (¿o aciertos?) de los dos partidos salvadoreños: Muestra la solvencia económica-empresarial que durante años fue la carta ganadora de algunos políticos areneros, con la rebeldía y transgresión que a muchos fascinó en la postura del Fmln.

Sin embargo, Nayib no es distinto. Es más de lo mismo, sólo que aglutina en su persona características que lo hacen atractivo como candidato, lo cual no lo hace mejor, sino más peligroso.

Peligroso porque conoce a su público, les endulza el oído y ha sabido comprender que el electorado salvadoreño está compuesto, en su mayoría, por jóvenes que desean la demolición del status quo. Hartos de oír hablar de la guerra, éstos desean una política más humanizada, que les hable del futuro, dejando que el pasado se lo lleven consigo los viejos obsoletos de Arena y del Fmln.

Nayib sabe (porque fue empresario, publicista, dueño de discoteca y lleva muchos años en política) que al electorado salvadoreño actual no se le debe hablar fuerte ni con gritos (como todavía lo hacen los viejos), sino pausado y recurriendo a los sentimientos, invocando a la esposa, los amigos y al padre ausente.

“No me dejen solo”, dice al final de su video, que más parece una confesión íntima de amigo en problemas, que el lanzamiento de su campaña política de cara a las elecciones presidenciales. Y una casi le cree, casi puede ver la lágrima asomándose por sus ojos y casi dan ganas de abrazarlo y protegerlo de la cúpula injusta del Fmln.

Nayib es pues, la encarnación de la víctima, del joven ninguneado, del muchacho buena onda al que reprimieron y castigaron, del amigo que sí quiere hacer algo por el país, pero al que hay que rescatar de las garras de los malos, los de siempre, los intolerantes (de ambos bandos), los polarizados, los que nos caen mal por prepotentes, arrogantes, ladrones, corruptos y mentirosos.

Y sí, según los cálculos, existen muchos –entre millennials y salvadoreños en el extranjero (más de dos millones de golondrinas, como Nayib los invoca)–, que no lo van a dejar solo, porque ese sentimiento de soledad lo tenemos todos, desde que Arena y el Fmln nos dieron la espalda para repartirse un pastel que hoy Nayib, como héroe rebelde, promete recuperar para nosotros. Que lo comparta, sin embargo, aún está por verse.




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