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Editorial & Opinion

Una visión de país en unidad

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

martes 22, mayo 2018 - 12:00 am

Lo vimos en la sesión inaugural de la nueva legislatura: cuando llegó el presidente Salvador Sánchez Cerén al Salón Azul, únicamente aplaudieron los pocos diputados del FMLN. Y cuando el doctor Norman Quijano concluyó su discurso, fue solo aplaudido por los diputados de ARENA. Eso fue una clara demostración que aún falta mucho para lograr un consenso, mismo que permita arribar a soluciones que favorezcan al país entero.

A lo anterior, cabe pensar que los salvadoreños nos acercamos, cada vez más, al evento político de mayor trascendencia para la vida nacional, como es la elección del futuro gobernante que durante cinco años manejará la cosa pública, en un momento de grandes acontecimientos no solamente en el mundo, sino en nuestro propio país, donde afrontamos una serie de situaciones nada halagüeñas para el desarrollo integral de la nación, como el alto grado de inseguridad, la corrupción galopante, endeudamiento público exagerado, con una diversidad de aspectos que frenan las inversiones y producen escaso incremento del producto interno bruto (PIB), tal como lo informó recientemente el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras entidades financieras y sociales.

A lo anterior, sumemos la agresiva política migratoria que impulsa el mandatario estadounidense Donald Trump, que podría afectar el flujo de las remesas y, por ende, dañar más nuestra economía nacional que, si bien puede considerarse estable, no es tampoco óptima. Ante ese cuadro deprimente, viene a mi memoria una propuesta del empresario Javier Simán, formulada  después de habérsele puesto fin al Programa de Permanencia Temporal o TPS para miles de compatriotas en los Estados Unidos de América, y que, a mi juicio, considero que es un importante llamado de mucho interés y que no dudo tomará mayor fuerza cuando el Tribunal Supremo Electoral haga la convocatoria a la campaña presidencial, aclarando que no estamos inclinados a determinada postura partidaria, sino únicamente interesados en la importancia que tiene ese evento, cuyos aspectos más serios deben ser dilucidados dentro del poco tiempo que falta para llegar a la máxima expresión de la voluntad soberana del pueblo salvadoreño, como el caso expuesto por Fusades relacionado con una posible pérdida de mil 500 millones de dólares del FOMILENIO para impulsar obras viales.

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Lo primero que deseo expresar sobre lo dicho por Simán, es respecto a esa diferencia de que existen “gentes de izquierda” y “gentes de la derecha” que, de hecho, efectúan una clasificación estrecha de la sociedad salvadoreña, encasillándola en dos categorías ideológicas que, por experiencia, sabemos son irreconciliables, alejadas una de otra, y, muchas veces, antagónicas. Nuestro país, manifestaba don Javier, “es la patria de los salvadoreños.

No podemos seguir con la tendencia de estarnos clasificando tendenciosamente en izquierdistas y derechistas, porque, como país, necesitamos de la unidad, de la concordancia y la coherencia de toda la sociedad cuzcatleca, para evitar divisionismos inútiles y perjudiciales, que permitan a El Salvador, como país, enfrentar y superar los diferentes retos que nos plantea el futuro inmediato y, de manera específica, el final del TPS que afectará a todos los salvadoreños”.


Esa reflexión me trae a la mente lo expresado por el Movimiento “Somos Paz”, impulsado por el exitoso Grupo Borja, de que “si hay un porcentaje de respeto, tolerancia, honestidad y solidaridad, hay un cien por ciento de paz”. En nuestra democracia, aunque débil, todos y cada uno de los individuos que componemos la sociedad, tenemos el derecho inalienable de elegir o preferir la línea partidaria que más se adecue a nuestra propia manera de pensar de cómo debemos encontrar solución a los problemas de la nación, pero sin ser beligerantes o agresivos con el ciudadano que prefiere otro partido. El anhelo es lograr unidad social o, más exactamente, lograr solidaridad. Porque solo unidos, podemos encontrar soluciones viables, armónicas y pacíficas para esta patria que Dios quiso hacerla pequeña, para que “pudiera caber toda entera en nuestros corazones”.

Otro aspecto se relaciona con los candidatos presidenciales, quienes deben formular planes de gobierno honestos, confiables, realistas, con auténtica visión de país y unidad para tener “un gobierno que llegue a servir a todos por medio del poder y no un gobierno con poder, para servirse en provecho propio”.




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