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Editorial & Opinion

Una visión de país para la seguridad pública

Rodrigo Ávila/Diputado de ARENA

martes 12, enero 2016 - 12:00 am

Estar vivo en El Salvador se ha constituido casi en un privilegio diario, cuando en realidad en esencia, es un derecho natural del ser humano. Dejamos el 2015 como un mal recuerdo, marcado por la sangre, dilatando la esperanza de poder salir adelante. Por un momento la anestesia de la navidad y fin de año nos hicieron soñar y creer que 2016 iniciaría diferente, pero tristemente ha comenzado peor.

Pasamos en 2009, de tener menos de 20 mil pandilleros a 70 mil en el 2014 (según el mismo Presidente de la República para ese entonces) y dicha membresía en 2015 ha ido en aumento. Ahora, a 12 días de iniciado el año, las cifras oficiales señalan casi 80 mil miembros de pandillas en todo el país; y si a esto le sumamos una cifra conservadora promedio de cuatro colaboradores, entre ellos familias y amigos, por cada pandillero, significa que a nivel nacional más del 5 % de la población salvadoreña participa en las actividades violentas y anti-valóricas de las pandillas.

Estoy seguro que en la actualidad no existe ningún salvadoreño que no ha sido víctima de las pandillas o conozca a alguien que sí lo haya sido. La realidad es crítica, abrumadora para el Estado y agobiante para los millones de salvadoreños que queremos un país diferente, pero por más oscuro que se vea el panorama hoy, hay solución.

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Hemos presenciado esfuerzos dispersos muy positivos y honestos de algunas fuerzas vivas del país, pero existen otras fuerzas, políticas y funcionarios del Estado que distan de buscar una solución responsable, dedicándose a buscar en el pasado una excusa para ignorar los problemas del presente, fijando su atención e interés en los eventos electorales.

A la persona que asesinan, extorsionan o amenazan no le preguntan a qué partido pertenece, si es de derecha o izquierda, ni qué religión profesa; en las leyes de la violencia ejecutada por las pandillas eso no existe, pero pareciera que muchos funcionarios no lo entienden, no lo dimensionan y no priorizan sobre el bienestar de millones.


La búsqueda irresponsable de disfrazar y minimizar el problema principal del país, se ha vuelto el obstáculo más grande para ir distanciando los apoyos de organismos civiles, empresa privada, entre otras instituciones; perdiendo la credibilidad ante la gente de la capacidad de los funcionarios responsables en seguridad. La crítica constructiva nos enseña para hacer mejor las cosas y el debate de las ideas nos hace crecer como país, pero la terquedad nos hunde, nos limita, nos condena.

Hago un llamado enfático al Ejecutivo para abordar el tema de Seguridad Pública, donde prevalezca una visión de nación, transparente, responsable, estratégica, sin miedo y contundente. Asumamos todos los partidos políticos el costo político de las decisiones que tomaremos hoy y en el futuro por el bienestar de todos. Con un aparato estatal comprometido que unifique estas fuerzas vivas y una sociedad que se convierta en el contralor de peso, al cual me sumo como salvadoreño, sin distinción partidaria. Devolvamos a El Salvador, a nuestra gente, su derecho de vivir seguro, libre y en prosperidad. A volver a creer.




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