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Editorial & Opinion

Venezuela, un gran país en pie de lucha

Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional / Autor: Luis Ernesto Guandique

viernes 21, julio 2017 - 12:00 am

Vemos con asombro cómo un país hermano, de inmensos valores cívicos y culturales, que dispone de recursos extraordinarios, y ha visto nacer a hombres notables, mencionemos a Simón Bolívar, Rómulo Gallegos, Rafael Caldera y Rómulo Betancourt, ha caído en una grave situación de crisis social y política degenerativa, de proporciones incalculables, a tal grado que se ve expuesto a una catástrofe destructiva de su sistema de convivencia colectiva y organización constitucional, bajo la nefasta gestión de un personaje de baja ralea: Nicolás Maduro.

Omitiremos referirnos a los antecedentes de ese inculto sujeto, que hacen notoria su incapacidad para gobernar, para no ofender a los dignos hombres de bien de su mismo oficio; y nos limitaremos a hacer un pequeño recuento de los orígenes de la base constitucional de esa Nación y nuestra opinión de cómo se está a punto de pisotear el Estado de derecho.

En diciembre de mil novecientos noventa y nueve, luego de un golpe de Estado, se promulgó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, bajo el mandato de Hugo Chávez Frías. En los principios definitorios del esquema político, dicha Constitución declara que Venezuela es un Estado democrático y social, de derecho y de justicia; no obstante esos lineamientos, el Presidente Chávez propició y se instauró, en diciembre del 2005, un rumbo equívoco marcado por la incertidumbre y el caos: el Estado venezolano se regiría bajo el denominado “Socialismo del Siglo XXI”, que en su populismo y métodos, riñe con los postulados de la misma Constitución y ha conducido el país hacia el abismo.

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Hay contrastes que apreciar, ab initio, entre países que optan por la modalidad soberana de democracias representativas, de aquellos que recurren al sistema de democracia participativa, que es la vía en la que se ampara el régimen de Maduro, para integrar a una Asamblea Constituyente con personas sometidas y dóciles a sus dictados, dependientes  de su autoridad y no de la verdadera voluntad popular mayoritaria. Se intenta justificar con una Constitución nominal, sesgada al autoritarismo, que le permita perpetuarse en el poder absoluto y excluyente, y eliminar del escenario a toda persona que no se someta al  arbitrio del dictador.

Para una muestra de contraste, por una lado están los países en que existe la democracia representativa como son los casos del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Estados Unidos de América y la mayoría de países democráticos de América y Europa; y por otra, aquellos que practican la supuesta fórmula participativa de manera falaz como democracias populares, como son Nicaragua, Bolivia, Cuba y Venezuela.


El Salvador, de acuerdo a la Constitución de 1983 proclama en su Artículo 85, un Gobierno  republicano, democrático y representativo.

Los grandes juristas romanos, desde los albores de la era cristiana hasta la decadencia del Imperio, defendieron el respeto hacia el Senado representativo, y a las asambleas populares y participativas; ideas plausibles frente a gobiernos autoritarios, incluso, los de Nerón y Calígula.

Si en la antigüedad se pudo propiciar un orden de derecho por medio de las doctrinas de los hombres de la ley ¿Cómo ahora en un mundo globalizado, comunicado y moderno, se puede violar de manera flagrante y coartar los beneficios de la verdadera democracia en Venezuela? Preocupa la deficiencia y falta de capacidad de organismos internacionales creados bajo el símbolo de la libre determinación de los pueblos para defender la convivencia pacífica entre los países y en los países mismos, como lo fue la Liga de las Naciones, y ahora la ONU y la OEA, cuando no pueden condenar ni recomendar medidas efectivas para superar la crisis socio política.

Lo que ocurre en Venezuela es una represión de la voluntad popular mayoritaria, que protesta y se alza para retornar a la democracia y destronar al tirano; lo que se pretende por éste es desvirtuar la vox populi con cortinas de humo y con espejismos populistas de una Asamblea Constituyente ficticia, como tabla de salvación porque el barco se hunde. El mundo  entero se pronuncia alarmado, en solidaridad con el pueblo que lucha por su libertad y se despliega valiente en contra de la farsa anunciada.




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