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Editorial & Opinion

“Venga de donde venga”

sábado 28, febrero 2015 - 12:00 am

Ese “venga de donde venga” condenando la violencia, siempre me ha parecido acomodaticio y cobarde, de gente meliflua y oportunista, que no asume compromisos, porque su compromiso es con él mismo. Y me refiero a la declaración de José Miguel Insulza,  Secretario General de la OEA,  sobre el asesinato cometido, actuando sobre seguro, por el oficial de la Policía Nacional Bolivariana contra el joven adolescente Kluivert Roa Núñez.

Mire señor Insulza, usted se equivoca, como siempre, juzgando los hechos venezolanos, así como lo hizo cuando intervino descaradamente en Honduras en apoyo de un descontrolado presidente que quiso violar la Constitución que se dio la nación, me refiero a Mel Zelaya, como le dicen sus amigos. En Venezuela, sí se conoce donde se origina la violencia, y usted también lo sabe. La violencia la genera, la proclama y le da carácter de ley, el régimen militar totalitario, anacrónico y cruento que terminó con la democracia en Venezuela.

Usted ya debe estar enterado, porque fue filmado el momento en el cual cayó el joven de 14 años, quizás de la misma edad de alguno de sus nietos o sobrinos, que el policía nacional, él también joven (23), le disparó desde la parrilla de una motocicleta directamente a la cabeza y a quema ropa,  en el momento en el  cual el joven intentaba refugiarse; lastimosamente era el último de quienes intentaban entrar en el hogar que abrió sus puertas para que los estudiantes se guarecieran de los perdigones, balas y gases lacrimógenos disparados por los uniformados. Entonces no nos venga usted, a su edad, con la gelatinosa expresión para  evadir y diluir responsabilidades, con eso de “venga de donde venga”. Precisamente usted, que vivió los estragos de una dictadura militar, que hoy nos parece un ensayo juvenil al lado de estos gorilas que nos gobiernan.

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No, señor Insulza, la violencia en Venezuela viene directamente del gobierno, de la dictadura militar, del totalitarismo castrista, de Chávez, Cabello, Maduro y por supuesto, en este caso, del ministro de la Defensa, General Vladimir Padrino López; sí ése, el que sustituyó el saludo militar por “esta es una fuerza armada, chavista, revolucionaria y socialista”,  el que firmó la Resolución 8610 publicado en la Gaceta Oficial de Venezuela el pasado 27 de enero, mediante la cual autorizaba el uso de armas de fuego a las fuerzas de seguridad, en y contra manifestantes. Resolución que fue objetada de inmediato por todas las organizaciones protectoras de los Derechos Humanos, universidades, iglesias cristianas (ignoro si la islamita lo hizo), el Colegio de Abogados, partidos políticos democráticos y Amnistía Internacional, entre otras razones, por ser violatoria de la Constitución.

El policía que disparó a quemarropa y sobre seguro, solo obedeció órdenes dadas desde arriba, desde la más alta investidura, protegido por un ordenamiento legal, en los términos que la dictadura militar entiende lo legal. Además, adoctrinado desde su infancia en que el enemigo  es el otro, cualquier otro que no esté con la revolución socialista. ¿Es un hombre libre ese joven policía que asumía para sí una acción heroica en nombre del proceso, del presidente que habla con Chávez desde el ultramundo a través de un pajarito? ¿No es acaso ese joven asesino un ajusticiador creado y formado para eso, para detener al enemigo interno?


A los siete años lo tomó el sistema, hace 15 años que estudia, repite y asimila los textos del ministerio de educación en los cuales se deforma la historia, se manipulan los conceptos, se siembra y cultiva el odio; en los textos en los cuales se identifica al enemigo interno, se deforma la morfología del rostro de Bolívar, se sataniza al empresario, a los políticos y a la iglesia católica. Este joven asesino es una vúctima porque dejó de ser libre para convertirse en un producto ideológico, un muerto andante, un zombi. Una máquina de destrucción que obedece sin la libertad de elegir, un ser humano vaciado de su alma que con toda seguridad no ha viajado en los aviones de Pdvsa, visitado Disneyword, ni invertido en operaciones inmobiliarias en Francia, Panamá, El Salvador, La Romana o en los propios Estados Unidos, como sí lo hace la nomenclatura gubernamental, los hijos de Chávez, y aquellos identificados como enemigos de la revolución, pero que han actuado y actúan como operadores financieros o políticos de la dictadura.

Así que los perdigones que penetraron en el cerebro de Kluivert, y la sangre que consagró el pecho de su hermano cuando lo recogió del suelo, no salieron de la escopeta del policía, sino de quien ordenó utilizarlas; del sistema que desde hace quince años le ha dicho a ese niño, luego joven y luego hombre que el enemigo es el que protesta, el que no se pliega, el que confunde la libertad con la libre expresión. En otras palabras, el orden de mando de la unidad a la cual pertenece y que culmina en la figura del Comandante en Jefe de la Fuerza Armada.




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