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Deportes

¿Y el deporte cuándo iniciará la transición?

Texto: Astrid Mejía / Fotos Stephanie Mejía

lunes 25, junio 2018 - 12:00 am

En pleno desarrollo del Mundial de Rusia, en un rincón de El Salvador, la organización “HT”, que vela por los derechos de los hombres trans en el país, desarrolló el tercer evento deportivo LGBTI 2018 el mismo día que los seguidores de Alemania gritaban enardecidos los goles en un partido agónico contra Suecia.

La Alemania que parece tan próxima y tan lejana a la vez… pues en ese país tiene, de hecho, su principal referente deportivo la comunidad “HT”, luego que el atleta Balian Buschbaum, un garrochista que se ubicó sexto en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, -compitiendo en la rama femenina debido a las reglas establecidas por el Comité Olímpico Internacional (COI)- decidiera abandonar su carrera siete años más tarde para someterse a una cirugía de reasignación de sexo. “Durante muchos años sentí que vivía en un cuerpo equivocado. Me sentía un hombre y debía vivir en un cuerpo de mujer”, manifestó el alemán en ese entonces. Contrario a Balian Buschbaum, a los chicos que han acudido al evento deportivo LGBTI 2018 en la Universidad de El Salvador (UES) se les ha privado hasta de soñar con ser atletas élite. ¿Por qué? Porque ninguno se imagina levantar una medalla y representar a su país con un nombre con el que nunca se sintieron identificados.

La comunidad trans queda claramente excluida de los principios de Igualdad y Universalidad que rigen la Ley General de los Deportes de El Salvador, al no existir ningún intento para alentar a esta población a la práctica deportiva, sin que se sientan discriminados.

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Con los sueños frustrados, solo les queda optar por el deporte como diversión, como lo han hecho en las canchas de la UES desmarcadas por el dualismo de género, pues cada persona jugaba en el equipo que quisiera sin ser excluida por su sexo o su expresión de género.

Este evento deportivo se realiza anualmente la semana previa a la marcha del Orgullo LGBT para fomentar la práctica en los grupos excluidos, cuyo impulsor fue Villy Rivera, docente de educación física y director general de HT El Salvador, organización que tiene inscritos unos 50 hombres trans.


“La práctica deportiva está normada por género, la rama masculina y la rama femenina, sean individuales o grupales, y ahí se da la exclusión para la población trans, porque es bien difícil que un hombre trans sea parte de un equipo de hombres (cisgénero) por haber nacido en el cuerpo de una mujer y lo mismo sucede con las mujeres trans. Fue por ello que abrimos este tipo de espacios”, explica Villy. “Pero tampoco una mujer trans, por ejemplo, puede jugar fútbol con un equipo masculino, porque por cuestión de machismo no es aceptada, y ella tampoco querrá jugar con el género que no se siente identificada, por ello muchos nos vemos obligados a renunciar a la competencia deportiva”, añade.

Para el docente, la principal necesidad de la comunidad trans es la aprobación de la Ley de Identidad de Género, que lleva años trabajándose, para que cada persona pueda ser nombrada con el género con el que se siente identificada.

Luego, hay que replantear toda la estructura binaria que rige al deporte (masculino y femenino).

“Los reglamentos de las Federaciones Internaciones tendrían que comenzar a cambiar esas categorías establecidas”, sostiene el fundador de HT.

Históricamente, el deporte de alta competencia ha privilegiado el éxito de las personas cisgénero, pero ya es tiempo que inicie la “transición” con una inyección de nuevas ideas y reglas que se ajusten a los cambios sociales y que permitan el acceso a todas las personas por igual.

¿Apoyaríamos a estos chicos si llegaran a representar el país en un Mundial? ¿Gritaríamos sus goles? Si la respuesta es negativa, entonces el comentarista mexicano Manuel Seyde tenía razón: en Centroamérica aún jugamos con la “pelota cuadrada”. Y eso lo dijo en los 60.

 

 “No sentía orgullo al ganar una medalla porque no era con mi género”

Enrique Arévalo practicó remo a nivel federado entre 2006 y 2007, disciplina con la que se colgó varias medallas, pero de las que nunca se sintió totalmente orgulloso al ganarlas en la categoría femenina, debido al binarismo enquistado en un deporte que encasilla a las personas de acuerdo a su sexo biológico.

“Nunca dejás de sentirte mal. Sí, de cierta manera estás acostumbrado a tener que fingir y tener que seguir el papel asignado por la sociedad, entonces de esa manera podés tener ciertas alegrías tal vez cuando vas avanzando en el deporte, pero en fondo es un sabor agridulce porque sabés que no estás ganando compitiendo como quisieras competir; no se te reconoce como lo que sos, sino que es como que estés interpretando un papel, como que estás actuando en una película y no sos vos, entonces no sentís la medalla 100 % tuya. Al menos en mi caso, no sentía orgullo al ganar una medalla porque no era con mi género”, expresó Enrique, un chico transgénero que optó por abandonar la práctica de este deporte acuático y dedicarse a sus estudios universitarios.

Al desenvolverse en distintos grupos sociales con poco o nulo interés en comprender la diversidad sexual y las teorías de género, en ese entonces Enrique había optado por mantener oculta su identidad de género, lo cual también lo llevó a ser objeto de acoso por parte de su entrenador, no escapando del trato sexista que viven muchas mujeres.
“Incluso sufrí de cierta manera acoso, porque uno de los entrenadores me tiraba la onda por ratos, eso era súper incómodo para mí”, confiesa, asegurando, ahora que ya no esconde su identidad de género, que “jamás volvería a competir en una Federación a cambio de perder mi verdadera identidad”,

El día a día en los entrenos, donde los entrenadores deben sacar lo mejor del atleta trabajándolos física y psicológicamente, se convirtió en un suplicio, y no solo por tener que cambiarse en los vestidores de las mujeres, sino por el trato desigual al que son expuestos los atletas por su sexo.

Enrique soñaba con representar al país a nivel internacional, pero al aterrizar en que lo tenía que hacer con un nombre y un género que no siente como suyos, inmediatamente lo llevaba a querer bajarse del podio.

Continuó remando pero en otras aguas, escalando peldaños en el ámbito profesional, aunque éste tampoco escapa de reproducir los mismos estigmas y prejuicios sociales. El deporte y la sociedad le han quedado a deber muchas medallas a personas como Enrique.




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