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Editorial & Opinion

¿Y yo, para qué estudio?

Roberto Meza / Colaborador

jueves 5, julio 2018 - 12:00 am

Y claro, se vuelve inevitable cuestionar las destrezas que uno desarrolla. Pero, ¿por qué la pregunta, si en El Salvador  estamos acostumbrados a que la responsabilidad de los cargos no encaje con el perfil de los designados? Hablamos repetidamente de la excelencia y a la Asamblea también llegó este perfil: una persona que solo tenía título de bachiller. Pienso también en el Ministerio de Salud.

Está bien que los jóvenes participen en el gobierno, incluso en sus más altas instancias. Pero hay puestos cuya naturaleza exige experiencia. Siempre parecen sorprendentes los procesos de selección tras los cuales se muestra que no había mejor perfil. Y, por supuesto, está el cuerpo diplomático efemelenista. Otrora, El Salvador contaba con un excelente equipo diplomático, desmantelado en este régimen, cuyo último estacazo lo clavó –otro perfil que no encajaba con sus competencias– Hugo Martínez (Véase Embajadora en Washington o saber quién es nuestro Embajador en la ONU?).

Nombres y nombres de personas que no dan la talla. Véanse los candidatos a nuevos magistrados de la CSJ. El Salvador tiene suficientes profesionales sobresalientes (pero ocurre que los individuos de envergadura no se acomodan, preservan su dignidad, no se avienen a traficar con inmorales, ni a mendigar puestos).

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Pero el FMLN optó por otro tipo de excelencia, aquella que consiste en quién con mayor destreza se despoja de cualquier ética y se ciega ante las irregularidades.

Oportunismo político por encima de formación técnica, alabanzas fanáticas por encima de cánones de patriotismo y profesionalidad, ambición por encima de verdadera excelencia; sobre esos individuos se construyó el mastodonte estatal. “Fair enough”, como diría un gringo, yo sabía que esas eran las normas de Hugo y su gobierno. Muy propio de la Banana Republic que siempre ansió superar.


Pero con el FLMN, el balde de agua fue más frío y dio mayores escalofríos. ¿En el ámbito internacional también? ¡Qué horror! ¿Ese es el color de nuestro tiempo? ¿Conseguir ascensos por cabildeo y no por desempeño? ¿Ambición que supera a cualquier tecnicidad? Puede ser. Puede ser que ese sea el precio. No importa.

Preservemos nuestras almas y forjemos una nueva generación dispuesta a actuar en función de lo consecuente y lo correcto.




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