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Editorial & Opinion

Zimbabue justicia, tierra y progreso

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

miércoles 1, agosto 2018 - 12:00 am

Agradezco la generosa invitación del Instituto Republicano Internacional (IRI) y del Instituto Nacional Demócrata (IDN) para formar parte de la misión de observación electoral conjunta de largo plazo que organizaron para los comicios presidenciales, legislativos y municipales del 30 de julio en Zimbabue, 16 años después de la última elección que contó con presencia de observación de organismos internacionales.

La tranquilidad electoral contrasta con las sombrías expectativas iniciales que amenazaban conflictividad, a juzgar por las experiencias de elecciones anteriores como 2008 cuando hubo alrededor de 200 víctimas fatales; o por incidentes -condenados por el Secretario General de ONU- como el atentado con explosivos sufrido por el candidato oficialista durante una concentración proselitista el 23 de junio, dejando una decena de heridos, entre los que se encontraban al actual vicepresidente y a la ministra de Medio Ambiente.

Las campañas electorales de las 23 candidaturas presidenciales, entre ellas cuatro mujeres, concluyeron en calma sin más hechos relevantes que lamentar -dos candidatos terminaron polarizando la elección-.

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En la madrugada del lunes largas filas de electores titiritaban abrigados bajo un intenso frío a menos de diez grados y todavía bajo la pálida luz de una hermosa luna llena, que se extinguía ante el creciente fulgor del sol naciente en las profundas explanadas agrestes que caracterizan este continente. A las siete de la mañana miles esperabanexpectantes la apertura de los más de 11 mil centros de votación, testigos de una altísima participación que podría superar el 75 % de electores de 6,3 millones de empadronados, correspondiente a más de 13,2 millones de habitantes. El anuncio de los resultados oficiales está previsto para este próximo viernes o sábado.

Zimbabue cuenta con más de 390 mil km2, ubicado al sur del continente africano, sin salida al mar. Fueron ingleses quienes lo colonizaron en 1890, derrotaron a los naturales Shona y Ndebele y luego pasaron la administración del territorio a la empresa British South African Company, cuyo propietario -Cecil John Rhodes- decidió nombrarlo Rhodesia. En 1923 -en contravención con la Corona- pasa a ser administrado por los colonos blancos que formaron su autogobierno, establecieron una sociedad geográfica y racialmente dividida, dejando a la Corona británica los asuntos de la defensa, impuestos de minería y política exterior.


En 1953 la Corona conforma la Federación Británica administrada por minorías blancas, agrupando Nayaslandia(Malawi), Rhodesia del Norte (Zambia) y Rhodesia del Sur (Zimbabue), modelo que se fracturó por la independencia de Malawi y Zambia en 1962 y 1964, respectivamente. En 1965 se establece otro gobierno de minoría blanca encabezado por Ian Smith con el apoyo de Sudáfrica y los racistas del apartheid, declarando la independencia contra de la voluntad de la Corona hundiendo al país en una larga guerra civil hasta 1980 cuando las guerrillas de negros nacionalistas,comandadas por Robert Mugabe al frente de la Unión Nacional Africana de Zimbabue, derrotaron a Smith.

El nuevo gobierno estableció una nueva Constitución, adoptaron el nombre de Zimbabue e inició un periodo de reformas: asumió el reto de desmontar las leyes e instituciones racistas, la reconstrucción del país, la tenencia de la tierra e inició un esfuerzo nacional por la educación. Actualmente el país ha logrado más de un 90 % de alfabetización, alto para la media regional.

La justa tenencia de la tierra sigue siendo el problema principal para una sociedad con un 70 % de población rural; sirva como ejemplo que la población blanca que constituye el 0.5% es propietaria del 45 % de la tierra de mayor calidad productiva con suficiente agua y de ésta el 60 % se estima ociosa, en total abandono. Mientras las negritudes que constituyen más del 95 % de la población, solo poseen el 5 %del suelo y el 50% restante tiene muy poca agua y valor productivo; a estas áreas fueron forzosamente marginados y confinados los pueblos negros durante la colonización.

Este país agrícola se dedica al cultivo del tabaco, maíz, algodón, caña de azúcar, soja y la ganadería, que generan el 33 % del empleo estable, 30 % del PIB y 40 % de las exportaciones. Sin embargo, aunque los colonos blancos son minoría y su propiedad es producto de la injusticia de la colonización cuentan con el dominio de la técnica y tecnología, el acceso a mercados y mayores capacidades de planeación y proyección agropecuaria.

Platear la sola expropiación sin formación técnica, práctica y entorno productivo, es insuficiente; el reto del nuevo gobierno y sociedad será alcanzar un acuerdo que resolviendo la injusticia, concierte un modelo de acceso a la tenencia de la tierra, con verdaderas capacidades productivas para las negritudes, una integración que incluya con justicia y supere la crisis económica producto también del bloqueo de las antiguas potencias coloniales, y resuelva otros graves problemas como la cobertura y adecuada atención de salud; sirva de dato que instituciones de salud consideran que un tercio de la población adulta puede estar infectada de VIH.

Experiencias como éstas ponen de relieve nuestros propios retos, posibles de alcanzar si nos entendemos racionalmente y se logran acuerdos de país.




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